APUNTE DE ESPERANZA

IGNACIO GIL LÁZARO

Investidura fallida. Demostración manifiesta de la incapacidad izquierdista para articular un proyecto de Gobierno estable. Ridículo absoluto. Bronca a cuenta del reparto de sillones. Solo eso. Pablo Iglesias le ha pasado factura a Pedro Sánchez por el veto reciente a su persona. Sánchez a Iglesias por no haber apoyado el acuerdo al que llegó con Albert Rivera en 2016 para ser presidente. Cruce de venganzas. Duelo de gallos vanidosos. Pelea de corral. Que tres meses después del 28 de Abril España no tenga Gobierno es malo. Perjudica nuestra imagen exterior y ralentiza la solución a los problemas de la gente. Es la traición palmaria de la izquierda a su discurso demagógico y maniqueo. Un fiasco que acrecienta la indignación de la calle. Sin embargo, peor hubiera sido sentar en el Consejo de Ministros a ese trufado de neocomunistas bolivarianos sostenidos con el apoyo externo de separatistas y batasunos. Los amigos de Maduro e Irán, Torra, Junqueras, Puigdemont y Otegi. Lo nunca visto en Europa. Una verdadera catástrofe. Así pues, comienza a correr el tiempo en el reloj de la vergüenza. Vía directa al disparate. Ese que lleva de nuevo a las urnas. Cuatro elecciones generales en cuatro años. Un récord impropio de cualquier democracia avanzada. Corresponde por tanto ir al fondo del asunto. El bloqueo institucional que vive España es la consecuencia última del frentismo y la frivolidad. La conversión de la política en espectáculo sometido al impacto mediático y a las redes sociales. Falta profundidad y sustancia. Sobra apariencia. Impostura permanente que azuza también la auto dada «superioridad moral» de la izquierda para decir y desdecir a su antojo según le conviene en cada instante. Prepotencia favorecida por la cobardía y los complejos de otros. Aquellos que piensan siempre en «que dirá la progresía» antes de expresar sus convicciones. Si es que las tienen. Por ello, entre tanta inmundicia dialéctica para millones de españoles ha sido un alivio escuchar la voz de Santiago Abascal en la tribuna del Congreso. Palabras sensatas, valientes y claras. Directas. Sin rodeos. Un apunte de esperanza.