NO APRENDEN CON EL VALENCIA

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Si hablaran con algún dirigente del PP -que no hablarán, porque para ellos eso sería casi tanto como una traición a sus principios, una corrupción intelectual, una rendición ante el enemigo- los capitostes de Compromís se darían cuenta de que con el Valencia CF lo mejor que pueden hacer es no hacer nada, dejarlo estar, no inmiscuirse ni para presumir de ser más valencianistas que los valencianistas ni para dárselas de feministas sin venir a cuento y metiendo la pata una y otra vez. Porque lo que en época de los populares parecieron favores (que lo fueron) y trato privilegiado (que también) han acabado siendo los quebraderos de cabeza que han llevado al club a la ruina, provocando su venta a un multimillonario (o no tanto) singapurés. Hablo, claro, tanto de la construcción del nuevo estadio en la avenida de Les Corts como del aval del IVF, esos dos agujeros negros que consumen las escasas energías económicas de una entidad centenaria que -menos mal- se clasificó para la Champions gracias a un milagro, al decir de su entrenador, Marcelino García Toral. Aunque yo prefiero pensar que fue por la conjunción de una serie de factores, entre los que destacan el acierto en los fichajes y la buena dirección deportiva, no sea que el sector blanquinegro (ahora nuevamente blanco a secas) más católico-folclórico acabe proponiendo la imposición de la medalla de oro y brillantes del club a la mismísima Mare de Déu dels Desamparats. Es imposible saber dónde estaría el Valencia y qué habría sido de él sin aquellos favores provenientes de la Administración pero sí que podemos conocer con detalle la difícil situación a la que lo ha abocado dos asuntos en los que la Generalitat y el Ayuntamiento peperos tuvieron tanto que ver. Ni por esas aprenden los nuevos gestores de la cosa pública, incapaces de advertir las vigas ni en el ojo propio ni en el ajeno. Es así como por dos veces, dos, políticas de Compromís meten la pata a costa del Valencia y el fútbol femenino. La primera, al proponer que el partido entre blanquinegras y granotas se jugara en Mestalla, como si el club discriminara a las mujeres por ser mujeres. Y la segunda, entrando otra vez cual elefante en cacharerría para criticar que las chicas paguen en la escuela, cuando lo que ha ocurrido es que con buen criterio se decidió eliminar esta cantera de pega de los chicos que sólo servía para que algunos papás con posibles presumieran de que su hijo jugaba en el Valencia, aún sabiendo que no lo hacía por sus cualidades futbolísticas sino por el alto desembolso que había que realizar. Dos incursiones, dos sonados patinazos. Con lo fácil que sería. Les puedo dar teléfonos de cargos y excargos populares que les aconsejarán gratis: ¿Valencia CF? ¡No se te ocurra pisar ese charco!

 

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