ANTIPÁTICO RIVERA

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Es inexplicable que Albert Rivera haya acabado siendo uno de los personajes más antipáticos de la clase política española cuando por la posición de su partido en el escenario nacional debería ser justamente lo contrario. Las formaciones bisagra suele estar lideradas por personalidades amables que caen bien a todo el mundo y que igual son capaces de pactar una legislatura con la derecha que la otra con la izquierda. Su talante les conduce de forma casi irremediable a interpretar un papel de apaciguadores, de hombres de consenso, con un discurso moderado que busca siempre el espacio de la centralidad. Al rechazar que Ciudadanos ocupe la condición de bisagra para intentar disputarle al PP la hegemonía de la derecha, Rivera ha ido adoptando poco a poco un perfil más agresivo, tajante, sin matices, hosco incluso, decidido a llamar la atención como sea, a hacerse un hueco, a conseguir su cuota de pantalla. Ya se vio en el debate de Atresmedia, cuando sus continuas interrupciones, sus comentarios mientras los demás hablaban, su impaciencia y su evidente nerviosismo acabaron con una reprimenda por parte del líder de Podemos, Pablo Iglesias, en plan profesor no de universidad sino de instituto o de Primaria: «es usted muy maleducado». Heredar el «no es no» de Pedro Sánchez puede darle beneficios entre su militancia (como le ocurrió al dirigente socialista, que con este discurso simple consiguió imponerse al establishment de su partido) y entre su equipo de confianza, pero le impide presentarse como el hombre de Estado destinado a impedir la radicalización del Gobierno. Muchos electores de Ciudadanos votaron a los naranjas con la esperanza -infundada tras ver a Rivera en los debates- de que finalmente entrara en razón y acabara apoyando a Sánchez, al que todas las encuestas daban como probable ganador. También lo esperaban Luis Garicano, Javier Nart y Toni Roldán, así como dos de los fundadores de la plataforma que dio origen al nacimiento del partido en Cataluña, Francesc de Carreras y Félix Ovejero. Referirse desde la tribuna del hemiciclo a los posibles apoyos de Sánchez como «la banda» no es la mejor manera de ejercer un parlamentarismo responsable, con todas las discrepancias ideológicas, estratégicas y procedimentales que uno pueda sentir hacia Unidas Podemos, Esquerra Republicana, Compromís y, especialmente, Bildu. Ese tipo de recursos dialécticos tienen un recorrido muy corto, no son más que fuegos de artificio que se apagan enseguida y apenas dejan humo tras de sí. A medio plazo (el largo en política ya no existe) únicamente sirven para convertir en antipático a un personaje que vino a refrescar el ambiente político y que finalmente ha acabado contaminándose del mismo.