ANTIHÉROES

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Tiró una nevera vieja ladera abajo y lo grabó. Y hasta dejó prueba de su fechoría, permitiendo que la cámara recogiera el número de la matrícula de su furgoneta. A la Guardia Civil le ha costado muy poco localizar al sujeto y a la empresa para la que trabajaba, menos aún despedirle. La duda que queda ante este tipo de hechos es de dónde surge la necesidad de exponer a la vista de todos un comportamiento incívico e ilegal sin pensar en las consecuencias, tanto en las medioambientales como en las penales, sobre todo, en éstas. Son los antihéroes del selfie, los influencers del lado oscuro. Se graban haciendo algo socialmente reprochable, como quien se inmortaliza pegando a un jabalí o aplastando cochinillos en un granja. Pretenden pasar a la posteridad o al menos al whatsapp de sus amigos por una imagen que debería avergonzarles; que habitualmente deberían esforzarse en ocultar y que no quisieran que vieran sus hijos o sus nietos. Sin embargo, ocurre justo lo contrario. Presumen de ello como de una hazaña memorable. El problema es que tengan alrededor a un corifeo de insolventes morales como ellos aplaudiendo ese tipo de actos. Público tienen, sin duda. Por eso lo hacen. Pero resulta inquietante que haya gente que disfrute viendo cómo maltratan el entorno, a un animal o a una persona. Darles pábulo, incluso, puede ser cuestionable por el efecto contagio que provocan la imagen y la repercusión que ha tenido. Por eso es necesario que, junto al primer vídeo, escandaloso, se emita el segundo, en el que se ve al desalmado subiendo la nevera desde el fondo del barranco al que la tiró. La lección es la multa, el despido, pero, sobre todo, el ridículo que hace.