50 años de 'Grupo salvaje'

La violencia física nació aquí como tema dominante o al menos nació su exhibición detallada como espectáculo

VICENTE GARRIDO

Se cumplen 50 años (1969) del estreno de la película 'Grupo Salvaje' (The wild bunch), dirigida por Sam Peckinpah, que narra las andanzas de forajidos decididos y fieros con las armas que en su huida deben enfrentarse a peligrosos revolucionarios mexicanos. Con el auxilio de grandes actores (William Holden y Robert Ryan entre otros), Peckinpah escenificó uno de los grandes primeros westerns 'desencantados', donde las claves de este género universal como el honor, el sacrificio o la lucha por llevar la ley a tierras salvajes (John Ford) desaparecen para mostrar solo el lado más mezquino y sucio de las películas del Oeste: aquí lo único que importa es llevarse el botín, si bien al final algunos de los personajes alcanzan una cierta redención.

Pero más allá de esta nueva lectura del Western, acorde con los tiempos que habían perdido su inocencia en la revolución contracultural de los años 60 del pasado siglo, lo que más definió a esta película fue el modo en que el director filmó la violencia. Antes de 'Grupo salvaje' muchas de las heridas y sus efectos eran tan solo esbozados: podíamos escuchar los disparos, ver cómo el cuerpo del desafortunado era sacudido por los impactos recibidos, pero a continuación lo que veíamos era la muerte, no el destrozo causado por los revólveres. Y cuando el protagonista levantaba la sábana donde yacía el cadáver, éste quedaba fuera de nuestra mirada.

Todo esto cambió en 'Grupo Salvaje' porque espectador era invitado a deleitarse con la violencia en cuanto impactaba y perforaba el cuerpo de sus destinatarios. Peckinpah emplea por vez primera la cámara lenta -un recurso que luego sería imitado hasta la saciedad- para permitirnos entender que el disparo sacude los cuerpos como martillazos y causa una sangre que le deja a uno maltrecho o directamente cadáver. Por vez primera en la historia del cine se refleja de forma estética el acto de ser acribillado. La violencia física nació aquí como tema dominante de las películas o al menos nació su exhibición detallada como espectáculo. No hace falta decir que sin Peckinpah no tendríamos a Tarantino.

Con ello se abrió un debate que está lejos de haber terminado en cuanto a los efectos de tal violencia. Peckinpah se lamentó públicamente de que una guerrilla africana dijera que ponía su película para motivar a los soldados a la lucha; él dijo que buscaba al mostrar la violencia un efecto catártico, no un incentivo para su uso. Lo que no sabía Peckinpah es que mucho de lo que genera la contemplación de una obra fílmica o literaria sucede en la cabeza de quien la ve, y no sigue el dictado de las pretensiones del director o escritor. En todo caso, hoy 'Grupo Salvaje', a salvo su calidad, no conmociona a nadie; ha sido superada en violencia por cualquier película de medio pelo. Fue tan solo un grano de arena en una tormenta que se avecinaba con la nueva época.