100 AÑOS DE CONDENA

KIKE MATEU

Cien años cumple el Valencia el lunes. Y durante los siguientes 365 días será el año del centenario. Me alegra poder decir esto porque así Lim, Murthy y Alemany tendrán tiempo para redimir sus blanquinegros pecados. Sabido es que unos son de Singapur y el otro de Mallorca. No se les puede pedir sentimiento valencianista. Pero sí tienen la obligación ineludible de ponerse en el lugar de los cientos de miles de personas a las que representan desde sus cargos ejecutivos. Justo lo que no han hecho al frente de una entidad centenaria. Todo comenzó en la Junta General. Partida presupuestaria expresa para el centenario: cero euros. Bochornoso. Centenarios los que queráis, pero que no me cueste un duro. Al contrario, vamos a ver si ganamos dinero al valencianista: merchandising a todo trapo. El libro del centenario, equipación completa, el chándal... y próximamente el aire del centenario traído desde Mestalla en frasco conmemorativo especial. Una vez pagado, se recomienda no abrir jamás para no perder el aire y la gracia. Pero no queda ahí la cosa. Seguimos esperando el partido del centenario del primer equipo. Repito, del primer equipo, como en todos los grandes clubes del mundo. El momento deportivo estrella del año organizado por el club. No el partido -perdón, partidazo- de leyendas organizado por la Asociación de futbolistas que preside Giner. Partido, por cierto, en el que el Valencia cobra entrada a todo aquel que quiera asistir sea socio, accionista o abonado del Real Madrid. ¿Se puede tener más poca vergüenza? Es indigno y miserable. Pero claro, para llenar el escaparate y hacernos ver purpurina en el vertedero municipal, viene la selección española a Mestalla 'dentro de los actos del centenario'. Sí claro. Nada relevante, por supuesto, el hecho de que el Valencia cobra dinero a cuenta de ceder Mestalla a la RFEF. Y más clin caja. Pero en cambio, el día que sí había que poner dinero, el Betis puso más para tener la final de Copa. ¿Es o no es vergonzoso el relato? Los pelotas oficiales no les contarán todas estas verdades irrefutables pero no se preocupen que algunos quedamos para contar la verdad. Y mientras todo esto sucede donde el sentimiento valencianista no existe, los que se ponen la camiseta con el escudo se juegan hoy el pase a los cuartos de la UEL. Esos cuartos que ya te empieza a sonar cerca de la final. Palabra mágica que cobra sentido este año con la de Copa en Sevilla. Afortunadamente los jugadores -cada uno de un padre y una madre y nacidos en variopintos lugares- sienten más el escudo en el desarrollo de su trabajo que los gerifaltes en el suyo. Ya están en una final y podrían avanzar hoy camino de otra. Lo que unos no honran en los despachos al menos sí lo están haciendo jugadores y técnicos sobre del césped. Y les estoy agradecido.