AMANTES EN EL ALAMBRE

BURGUERA

Las traiciones durante la guerra resultan infantiles comparadas con nuestras traiciones en tiempos de paz. Los amantes, primero se muestran nerviosos y tiernos hasta que lo hacen todo añicos, porque el corazón es un órgano de fuego».

Así advierte Michael Ondaatje en 'El Paciente Inglés' de que, más tarde o más temprano, seremos traicionados. O traicionaremos. En la relación entre los partidos que integran el Consell llevan mejor de lo esperado ese caminar sobre el alambre de la lealtad. Se enfadan cuando rascan la espalda y tropiezan con el mango de un puñal, pero son de buen cicatrizar. Las plaquetas y la cascada de la coagulación son de buena calidad. Tal vez es porque se lo toman con filosofía y saben que al final darás y recibirás. Si es importante la profundidad y gravedad de una herida, también lo es cómo se lo tome el receptor. Socialistas y nacionalistas valencianos son poco rencorosos, porque se han pegado varios tajos a lo largo de la legislatura y todavía sonríen. No hay cosa que repare mejor los tejidos de la Generalitat que la expectativa de continuar gobernando. La posibilidad de repetir en el poder es tan atractiva que los muertos dejados en el camino se entierran y se olvidan. Hasta en Podemos se han desmemoriado, y parece ya muy lejano el tiempo en que Antonio Montiel era criticado por ser demasiado blando con el Consell. Los actuales dirigentes podemistas han firmado en octubre su aquiescencia a unos presupuestos que se presumían de muy difícil aprobación. El año pasado no dieron su brazo a torcer hasta finales de diciembre. Habrá que ver, no obstante, qué pasa con la campaña electoral y cómo desarrollan sus discursos PSPV, Compromís y Podemos a la hora de reclamar el voto para ellos y no para sus colegas.

Visto lo visto, en cualquier caso, aunque durante la campaña se acusen de crímenes de lesa humanidad, en plan genocidio de Ruanda, el tripartito que campa por la Generalitat parece tener una flema capaz de competir en los concursos de flemas británicas. Y ganarlos. Mi amiga Victoria Diges no es Ondaatje. Ni se le parece. Es más guapa, y no escribe libros (porque no quiere) sino que regenta un magnífico restaurante italiano, La Piperna, en Madrid. Si prueban los espaguettis con conejo a la napolitana de Nelo, su vida cambiará. El caso es que Victoria me decía hace poco que las personas caminamos hacia el caos a la que nos descuidamos, y que viajar del caos al orden es duro, difícil, pero se puede hacer, pero lo verdaderamente complicado es, una vez todo entra en fase caótica, reconducirlo hacia el orden. Mi amiga vive en Madrid. Si lo hiciese aquí, ya se habría dado cuenta de que los amantes valencianos caminan tranquilamente sobre el alambre, y con los ojos cerrados.

 

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