ALQUILER DE SOMBREROS

Mª ÁNGELES ARAZO

La finca se rehabilitó, pero se respetaron los escaparates, las molduras de madera de diseño 'art decò' que los enmarcan, el conjunto de combinaciones geométricas con frutos estilizados, búcaros y cestos con ornamentación vegetal.

La casa, en la calle Caballeros, 4, chaflán a la plaza de Manises, conservaba en un interior espejos pintados también de principios de siglo: la figura de un niño con un pelicano, una paloma, un galgo y un canastillo florido. La ambientación corresponde a la antigua 'Casa de los Chocolates', tan especializada que llegó a ofrecer 64 marcas, entre las que privaban las suizas, alemanas y francesas.

La propietaria, Dolores Vila Ciscar, que tuvo con anterioridad la 'Granja de San Antonio' (también en la calle de Caballeros), eligió aquella esquina de decoración modernista porque delante de la puerta paraban en aquel entonces los tranvías 6, 7, 11 y 16.

En el tiempo de la entrevista, José Forner Ibor, nieto de la propietaria, dedicó el comercio a la venta de lanas, algodones y perlés y a la confección de trajes para muñecas, aunque a veces no iban a recogerlas y terminaban en el escaparate, hasta que un buen día decidía regalarlas al Cottolengo y las ancianas-niñas las colmaban de besos. La tienda, sin embargo, fue muy recordada por la larga etapa en que se dedicó al alquiler de sombreros.

Fue en la época en que en las bodas, fueran de la clase que fueran, tenía que lucirse pamela, un casquete con flores o un tocado con tul y plumas. De 200 a 500 pesetas costaba la prestación del sombrero por dos días; no más, porque le aguardaban una cola de señoras convencidas del toque de distinción que garantizaba adornarse la cabeza.

Una sombrerera se encargaba de transformarlos: cambiarles las cintas, las amapolas de cera, el velillo 'tapafeas' y el elástico que conseguía la colocación digna del tocado.

Tiempo del quiero y no puedo, de la pulsera de pedida, aunque fuese con baño de oro; del viaje de novios a Palma de Mallorca, de la fidelidad jurada, de sueños comprados a plazos ... o alquilados, como el sombrero, por dos días.