ALFOMBRA ROJA PARA LAS SERIES

OSKAR BELATEGUI

Dos de los títulos españoles más esperados del inminente Festival de San Sebastián, que arranca el 21 de septiembre, son series que se estrenarán en la pequeña pantalla. 'Gigantes' supone el regreso de Enrique Urbizu a la dirección seis años después de triunfar en los Goya con 'No habrá paz para los malvados'. Que un realizador del talento del bilbaíno lleve tanto tiempo en el dique seco no se lo puede permitir el cine español. Para su vuelta ha elegido la crónica de una saga familiar que controla el tráfico de cocaína en Madrid, un clan bajo la égida de José Coronado, el patriarca, que empezó en el Rastro trapicheando con monedas y ha acabado al frente de una mafia menos glamurosa que los Corleone.

Movistar Plus también está detrás de 'Arde Madrid', una serie inspirada en las noches salvajes de Ava Gardner en Madrid en 1961, cuando toreaba coches frente al Castellana Hilton, lo daba todo en Chicote y despertaba borracha al general Perón, su vecino en la calle Doctor Arce. Quince años de despendole en la España franquista que el director contemplará desde el punto de vista del chófer y la criada de la actriz y que ha rodado en blanco y negro. El Zinemaldia reserva a la ficción televisiva el mismo tratamiento que a los largometrajes. No obedece tanto a cuestiones publicitarias (el canal de Telefónica es patrocinador oficial del festival), sino a la enjundia cinematográfica de unos productos que, eso sí, solo podrán disfrutar los espectadores de la televisión de pago.

El buen momento de la ficción española lo certifican los guionistas reunidos estos días en el FesTVal vitoriano. A diferencia de las películas, en las series son los escritores los que tienen ahora la sartén por el mango. El guionista gana un peso en el proceso de creación que no disfrutaba antes y el director se hace más intercambiable. Los espectadores aprecian contenidos cada vez más sofisticados y complejos. Las historias pasan a ser la parte más preciosa del producto. El volumen de producción es enorme y las posibilidades de acceder a un público hispano a través de las nuevas plataformas, infinitas. Ya no están prohibidos los flashbacks, como antes, ante el temor de que el espectador no entendiera un salto al pasado.

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