El álbum de fotos (digital, claro)

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

El peor momento de la visita protocolaria a una pareja de recién casados en su nuevo hogar -en los lejanísimos tiempos en que la gente aún se casaba- no llegaba con el menú escogido por la recién estrenada ama de casa, que todavía no había tenido tiempo de aprender la sabiduría culinaria de su madre y de su abuela (en esa etapa de la prehistoria, antes del nacimiento del móvil, los hombres sólo entraban a la cocina para decir hola cariño, ya estoy aquí, qué bien huele) sino cuando ya aposentados en los cómodos y relucientes sofás comenzaba el momento de contemplar vivamente interesados el álbum de fotos del crucero por el Mediterráneo y el Adriático que incluía todo tipo de explicaciones, comentarios y pormenores acerca no sólo de la tripulación al completo (unas mil quinientas personas, aproximadamente) sino de todo el pasaje, seríamos unos cinco mil, más o menos, que es como meter a los habitantes de Aielo de Malferit en un barco muy grande y ponerlos a navegar durante diez días. Ibas pasando hoja tras hoja y pensabas, Dios mío, si aún estamos en el puerto de Barcelona (el turismo de cruceros en Valencia no pasaba de ser una aspiración). Pero lo cierto es que aquello tenía un principio y un final. Y era así por una razón muy sencilla, los carretes eran limitados, de veinticuatro o de treinta y seis fotografías, no más. Podías comprar todos los que quisieras, por supuesto, pero estudiabas cada foto, no disparabas porque sí, te lo pensabas dos veces, seleccionabas, encuadrabas y si no estabas seguro no la hacías. Las parejas ya no se casan, las mujeres ya no cocinan y los álbumes de fotos son historia. Pero sigue habiendo un crucero que ya no es por el Mediterráneo y el Adriático -¿tan cerca?, ¡menuda horterada!- sino por los fiordos noruegos, o por el Caribe, o por Alaska, o por las Galápagos, lo más lejos y lo más exótico posible. Y las fotos, físicamente, ya no existen, por lo que no se pueden pegar en álbumes igualmente desaparecidos en combate. Pero sí que hay imágenes, ya lo creo, decenas, cientos... ¡miles y decenas de miles! Míranos aquí, con el sobrecargo, qué chula, una, dos, tres, cuatro, cinco, seis... veintisiete fotos, todas iguales, los mismos protagonistas, el mismo gesto, la misma expresión, el mismo fondo, es que no sabía si iba a salir bien, es que me emociono disparando, es que como no cuesta dinero revelarlas... Todos mirando a un móvil, o a una tablet, o a un ordenador portátil, clic, clic, clic, clic, clic, clic, clic, clic, clic, clic, clic, clic, clic, clic, clic, clic, clic, clic,clic, clic, clic, clic, las primeras cien aún preguntas algo, comentas, les sigues la corriente, pones cara de interés, ¿en serio, de verdad cenasteis con el capitán?, pero llega un momento en que te duele la espalda por la postura encorvada, los ojos ya no dan más de sí y el recurso de lugares comunes se te ha agotado. Oficio de futuro: seleccionador y editor de fotos digitales para su exposición al público.