Ajuste de cuentas

Sánchez busca en realidad la debacle de los barones socialistas

IGNACIO GIL LÁZARO

Pedro Sánchez ha asegurado esta semana que no habrá súper domingo el 26 de mayo y que las elecciones generales se celebrarán más tarde. Añadió que está dispuesto a agotar la legislatura. Muchos han interpretado el anuncio como un intento de calmar a los dirigentes regionales socialistas muy inquietos por la posibilidad de dejar el poder, visto lo sucedido en Andalucía. Gentes como Ximo Puig, Lambán, Fernández Vara o Page, a los que no les apetece nada compartir urnas con Sánchez porque creen acertadamente que terminarían siendo ellos los paganos del descontento que la política del Gobierno genera en gran parte del electorado por la actitud permisiva de aquel frente al independentismo catalán. Sin embargo, es muy posible que lo dicho por el presidente pretenda cosa distinta a la seráfica voluntad de tranquilizar el recelo de algunos. Tal vez lo que Sánchez se barrunta es una estrategia mortífera destinada a cargarse para siempre a toda una generación de líderes autonómicos de su partido que aún hoy tiene que aguantar aunque no los traga ni de lejos. La venganza contra aquellos que le echaron de la secretaría general en 2016, comandados entonces por Susana Diaz. Ahora, además, Sánchez se ha encontrado a su favor con la derrota total de la andaluza. El trofeo que parecía en principio más difícil de cobrar aunque en su momento lograse vencerla en las primarias. Baza añadida inesperada que le despeja el camino para ir ya directo a por el resto. Circunstancia que Sánchez no va a obviar. Le importa muy poco el interés de España y las propias siglas del PSOE si cualquiera de esas referencias obstaculizan en algo el logro de su ambición megalómana. Por tanto, no es inaudito concluir que al separar elecciones Sánchez busca en realidad la debacle de los barones socialistas para blindarse a su costa. Los pasos a dar son evidentes. Primero, que el 26 de mayo los capitostes territoriales se la jueguen en solitario. Segundo, que los resultados permitan al Partido Popular, Ciudadanos y Vox desalojar de las instituciones a la casi totalidad de ellos. Tercero, que los derrotados tengan que asumir responsabilidades internas dimitiendo de su mando orgánico al frente de las respectivas federaciones. Cuarto, que la dirección de estas se recomponga de inmediato con fieles sanchistas. Quinto, que la caída de autonomías y ayuntamientos le facilite a Sanchez esgrimir el miedo «a la derecha» para movilizar al máximo el voto izquierdista, tratar de ganar así las elecciones generales y después encabezar un Gobierno de coalición contando de nuevo con el apoyo de quienes le dieron el triunfo en la moción de censura. Por cierto, prescindir de Borrell despejándole al Parlamento Europeo en contra de su voluntad forma parte de esa hoja de ruta pensada para agradar a Torra y compañía. Lo de siempre. En definitiva, métodos de náusea. Paso previo, el ajuste de cuentas. Luego, por supuesto, no hay más objetivo que lograr mantenerse como sea.

 

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