El agujero negro

Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDAValencia

Somos capaces de ver lo que sucede a 50 millones de años luz de la Tierra, pero no atisbamos la mayoría de problemas que ocurren a nuestro alrededor. Tenemos la mejor tecnología para lograr atender a lo que pasa en lugares que ni sabíamos que existían y, sin embargo, nos rodeamos de aparatos que nos separan de las personas más cercanas. No quiero hacer demagogia, sé que un asunto no quita al otro, pero no por ello deja de llamarme la atención.

Existen agujeros negros a los que llevamos persiguiendo desde el siglo XVIII, que han sido motivo de debate y de investigación. Ningún telescopio había logrado observar en directo uno de estos misteriosos cuerpos del cosmos. Esta semana hemos ido más allá. Lo hemos conseguido retratar. Hasta el momento únicamente nos habíamos conformado con alguna simulación digital. Ahora ya contamos con una prueba real que los que vengan por detrás estudiarán. Tanto ellos como nosotros nos vanagloriaremos de esos agujeros oscuros mientras disimulamos los propios. En eso avanzamos poco. No solemos estar dispuestos a reconocer miedos, escollos, complejos, tormentos, pero nos volvemos locos con las incógnitas que nos propone el universo. La incongruencia marca nuestras vidas.

Está ahí, en otra galaxia a la que han llamado M87. El mundo entero lo observa, llevaba siglos persiguiéndolo y al fin lo cazaron. Es llamativo que un montón de países se pusiesen de acuerdo para dar la buena nueva a la misma hora. Es posible alcanzar consensos aunque existan fronteras de por medio. Localidades con distintos husos horarios, con ritmos de vida diferentes y con costumbres opuestas convinieron cuál era el mejor instante para dar luz verde al anuncio, para revelar a la humanidad hasta donde habíamos llegado. Mañana continuaremos dando muestras de distancia, de posturas irreconciliables, de razonamientos antagónicos pero hoy nos sentimos felices por esta comunión. La rueda de prensa se localizó en Bruselas, pero se ofreció en simultáneo en otros enclaves: Santiago de Chile, que la dio en español, Shanghai (en mandarín), Tokio (en japonés), Taipei (en mandarín) y Washington (en inglés). ¿Quién dijo que no era posible? Ese objeto celeste lo logró. Es muy pequeño pero tiene la capacidad de que cientos de personas lo atiendan y de que naciones dispares se hermanen entre ellas.

Es un círculo oscuro en medio de un disco resplandeciente. Es como si la Tierra estuviera contenida en un dedal. Todo esto nos contaron ayer victoriosos. La ciencia funciona. Nos explican que se halla a una distancia difícil de imaginar. Detrás ha habido meses de trabajo, profesionales que han aguardado su tiempo para obtener su propósito, toda la artillería dispuesta para que el triunfo resulte rotundo. Cuando nos vuelvan a sugerir que algo es imposible no permitiremos esa respuesta. Ese agujero va a ser nuestro comodín. Hemos tenido que ir lejos a buscarlo.