AGUA DE VALENCIA

Mª ÁNGELES ARAZO

No me refiero a la que esperamos desde hace días; a esa 'gota fría' tan anunciada, que ha brillado por su ausencia, mi alusión va dirigida a una estupenda bebida, de tan acertada combinación: zumo de naranja natural, cava y vodka, que animaba el espíritu y alumbraba el ingenio. Agua de Valencia que exigía unas copas y nos transformaba la vida. A veces me pregunto por qué ha dejado de solicitarse; quizás porque ha faltado una promoción millonaria; lo cierto es que la gente joven la ignora, mientras que los que la tomábamos en el Café Madrid nos aviva un montón de recuerdos y ¡y! la maldita nostalgia. La actualidad obliga; y la noticia de que la Cervecería Madrid ha sucumbido a la moda de hoteles con encanto, ha rebobinado la historia de unas décadas vividas en la calle de la Abadía de San Martín, donde acudían estudiantes de Bellas Artes y apasionados por el cine, los libros e inquietudes políticas; también médicos y arquitectos que jugaban a los dados. Cervecería Madrid constaba de una planta baja llena de pequeñas mesas de madera y un entrepiso comunicado con escalera de caracol, que daba a la sala, como quimérico palco teatral. Se hablaba de todo y se polemizaba también de todo, sin llegar nunca a la violencia verbal. Regentaba tan singular local Constante Gil, un amigable gallego aficionado a dibujar, nacido en la ría de Taragoña, que soñaba con ser pintor y recaló en Valencia por la Escuela de Bellas Artes. Como anécdota, siempre repetida, recordar que en aquel tiempo -tan de conquista y misiones- Constante Gil pintó un gran mural con indígenas y misioneros utilizando los rostros de numerosos clientes, circunstancia que enfadó y el mural tuvo brevísima existencia. A pesar de ello, como Constante Gil había encontrado en la clientela una mina de modelos, persistió en el arte del retrato y realizó diversas exposiciones bajo el título de 'Tertulias de Café'. Muestras que los críticos calificaron como de arte 'naïf' o ingenuista. Fueron unas reuniones de clientes, de amigos, llenas de alegría que proporcionaba, sin duda, también el Agua de Valencia. Y, ahora: Una copa, por favor, de Agua de Valencia.

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