El agua

El trasvase Tajo-Segura vuelve a ser causa de desacuerdo autonómico: España no encuentra una fórmula de pacto

F. P. PUCHE

No tengo muy claro, la verdad sea dicha, que lo del cambio climático sea enteramente como lo están pintando. Pero tampoco acierto a entender, si verdad fuera, cómo los políticos que admiten a pies juntillas los tremendos postulados de la ONU no están tomando medidas urgentes. A veces parece que solo quieren asustarnos, como los predicadores medievales, para que les compremos esa bula salvadora que nos venden en forma de voto.

Hablo de medidas políticas serias y no de esas vaguedades que se anuncian con la secuela de que se venden menos coches y los fábricas mandan a los trabajadores al paro. Por ejemplo: si el cambio climático es tan alarmante como pregonó hace unos días el presidente Sánchez, en modo alguno debería dejar que el presidente de Castilla-la Mancha viaje a Bruselas como va a hacer hoy; porque debería haber gestionado lo necesario para que los presidentes de la Comunidad Valenciana y Murcia se reunieran antes con el señor García-Page para pactar una propuesta consensuada, de concordia y de ámbito nacional, antes de que en las ventanillas de Bruselas empiecen a aterrizar demandas que acaben aumentando la imagen de corral de comedias que España ya debe tener.

Pero no pasa, no hay coordinación entre autonomías y aumenta esa sensación de España no plural, sino dispersa, que tanto daño nos hace. El presidente de Castilla-la Mancha, que hoy no hace fiesta, aprovecha el Día del Padre y pide que la barrera precisa para autorizar los trasvases de agua del Tajo hacia el sur se doble, de 400 a 800 hectómetros cúbicos, lo que, de aprobarse, haría más raros y difíciles los movimientos de agua. Todo eso ocurre una semana después de una sentencia del Supremo, gestionada sin que al parecer hayan podido ser parte ni Murcia ni la Comunidad Valenciana, en la que se pone orden -y seguramente una exigencia bastante mayor- en la regulación de los caudales ecológicos, o mínimos, que el Tajo ha de llevar en todos los puntos de su cuenca y recorrido.

En Castilla-La Mancha, donde la Confederación no había hecho nunca los deberes y las ciudades se reprochaban las mutuas exigencias de caudal mínimo, tienen ahora por delante un lindo debate, que no hará sino complicar las cosas a los agricultores alicantinos y murcianos. Lo más normal es que, en este clima de cambio de clima, se hable de lo que García-Page pregona en todas partes menos --me temo-- en la ejecutiva federal del PSOE. El doble, queremos doble reserva de agua antes que ceder ni una gota, va a decir La Mancha, pensando que el agua es suya, en imitación del error que muchos aragoneses y catalanes hacen con el Ebro.

Y así está el patio autonómico, en el tema sustancial del agua, cuando la campaña electoral va a comenzar. Con el agua escasa, las grandes regulaciones en claro descrédito, las autonomías en abierta competición, los criterios nacionales ausentes y los partidos en guerra de reproches.