Agresión y libertad

Un puñetazo no es de recibo bajo ningún concepto y no censurarlo es una mala señal entre quienes hablan de persecuciones políticas

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Un golpe es un golpe. No es una frase de Rajoy, aunque podría serlo y no tendríamos nada que objetar ante una afirmación tan evidente. Lo difícil es dilucidar todo lo demás. Me refiero a lo sucedido el otro día en Barxeta durante la celebración de una conferencia de Joan Tardà en la Casa de la Cultura.

Al parecer, a la hora prevista para la charla del líder de ERC, se concentraron en los alrededores algunos valencianistas portando senyeras y coreando lemas con los que proclamaban «som valencians, mai catalans». En un momento dado, uno de los asistentes, molesto con lo que estaba sucediendo, se acercó a una mujer que participaba en la protesta y le golpeó. Ese hecho, la agresión, se grabó en vídeo y está disponible en Internet. Hasta ahí, lo sucedido. Al menos, lo que puede verse en el vídeo. Luego vinieron las interpretaciones y las reacciones.

Para Tardà, se trataba de una provocación fascista que intentaba evitar que «el republicanismo valenciano se expresara libremente». «Contra la intolerancia, libertad», decía el político de ERC en su Twitter. Los medios próximos a ERC daban por hecho en su relato que la policía había tenido que intervenir para defender a los asistentes. Una versión ligeramente distinta desde la posición de la agredida cuyo abogado, el político valencianista Juan García Sentandreu, presentó una denuncia ante la Guardia Civil. Las versiones circularon ayer libremente por Internet. Para unos, los valencianistas eran boicoteadores de extrema derecha; para éstos, el agresor era de extrema izquierda y algo violento. Es lo que sucede a menudo cuando unos acusan a los opuestos de ser lo mismo pero de otro color, que terminan por decir lo mismo del oponente y que se resume en «fascista», «intolerante» y «extremista excluyente».

En cualquier caso, lo cierto es que hubo una agresión. Sea la bandera de unos o de otros de este color o aquel; sea una provocación el acto en sí o la concentración alrededor de él; sea como sea, el golpe se produjo. Y eso es inadmisible venga de donde venga. Incluso aunque hubiera algo más que no se vea en el vídeo en forma de provocación, de insultos o de malas palabras. Es cierto que en las imágenes que circularon ayer no parece que ocurriera nada de eso, pero no sería la primera vez que un vídeo solo toma una parte de la realidad.

Más allá de las causas y de las culpas, un puñetazo no es de recibo bajo ningún concepto y no censurarlo es una mala señal entre quienes hablan de persecuciones políticas en razón de su credo. Tiene razón Tardà cuando exige libertad para defender su visión de las cosas pero también para que quienes se sienten atacados en su propia casa defiendan lo que consideran su identidad. En ambos casos, desde el respeto. Es libertad que él hable en la Casa de Cultura y también que otros protesten en la calle contra su presencia. Si no, los que pitan al Rey en Cataluña ¿también son fascistas?

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