UN RÍO MUY AGRADECIDO

VICENTE LLADRÓ

Durante varios meses, el río Turia ha estado seco en su tramo final, a partir del desvío de las acequias de la huerta de Valencia. Desde Quart de Poblet, el lecho del nuevo cauce se veía sin gota día tras día; ni siquiera ese hilillo de agua que alguna vez se aprecia, cuando, por lo que sea, se llega a escapar una mínima parte.

Era lógica tal sequedad, porque en Valencia y en la cuenca media del río no llovía en serio desde hacía casi cuatro meses, así que no sobraba nada, y la estampa del amplio cauce, tan vacío, ha animado sorprendentes proyectos de ocupación para el ocio, porque sin duda, con el paso del tiempo, se ha amortiguado la memoria histórica, se olvida para qué se hizo la 'solución Sur', que no es más que un desvío del cauce para dar salida a cualquier crecida del Turia y mantener a salvo a la ciudad. En realidad, el espacio ganado para el disfrute ciudadano en múltiples vertientes es el del viejo cauce, que se ha podido convertir en magnífico jardín y en muchas otras cosas merced a su sustitución. El 'desagüe' ocasional discurre ahora por el nuevo cauce, liberando al viejo. No cabe ocupar a la vez el que tiene encomendada una clara misión hidrológica, como se ha podido apreciar en cierta medida en los últimos días.

Porque el Turia es un río muy agradecido. Ha bastado que lloviera un par de días para que se mostrara de nuevo en el cauce habitualmente seco. El agua ha empapado el terreno y a partir de ahí se han ido sumando las escorrentías para recordar varias cosas a la vez: que el río, aunque modesto, sigue siendo río; que es una lástima que se llegue a perder un agua que vendría muy bien después, si pudiera guardarse en la frustrada presa de Vilamarxant, que nadie ha explicado aún por qué no se hace tras estar en su última fase de proyecto, y que Valencia las pasaría canutas si no se hubieran construido en su momento las presas de Benagéber y Loriguilla, aunque esta última no pueda rebasar un tercio de su capacidad por razones de seguridad.

Esta realidad, la de poder disponer de reservas de agua para cuando pasan meses sin llover ni gota, debería convencer para siempre a los contrarios a las presas y partidarios de dejar discurrir los ríos libremente. O al menos debería convencer a los demás, la gran mayoría, para que no se preste tanto caso a quienes se empeñan en ir por la tremenda y en contra de lo racional. Recordemos de paso que, pese a la extendida creencia de que las presas fueron 'inventadas' por Franco, en realidad se planearon en tiempos de la República y su gran artífice fue Manuel Lorenzo Pardo. Más aún, se llegaron a diseñar cinco embalses, de los que sólo se hicieron dos. El de Benagéber, con sólo aprovechar las lluvias del último otoño, está a dos tercios de capacidad, lo que aporta mucha seguridad general. Miren si no es un río la mar de agradecido.