NI CON ACENTO NUEVO

Ferriol moya
FERRIOL MOYAValencia

Dice el CIS que la izquierda seguirá gobernando cuatro años más la ciudad de Valencia. No es que el organismo que dirige Tezanos goce ahora mismo de una credibilidad tal que haya que darle fiabilidad absoluta a sus predicciones. Pero visto el desarrollo de la legislatura, seguramente esa opción se perfila como la más probable. Parece seguro que la participación en las elecciones del 26 de mayo será notablemente inferior a la de las generales y autonómicas. Todo el discurso ideado por Iván Redondo sobre el miedo a las tres derechas, la foto de Colón o el auge de Vox -«ya viste lo que sucedió en Andalucía»-, ha perdido presencia en los medios. Ya lo advirtió Sandra Gómez, para enfado de Ximo Puig. Adelantar las autonómicas podía generar un problema para los candidatos de las municipales. Especialmente para los que, como ella, no han estado ocupando la alcaldía. Así que todo el triunfo incontestable de Pedro Sánchez, del que el líder de los socialistas valencianos sacó provecho, puede no llegarle ahora a la joven candidata del PSPV. Las autonómicas ya revelaron hasta qué punto el votante de Compromís distinguió entre comicios, de donde cabe concluir que ni los líos de Fuset con las fallas, los de Grezzi con sus carriles bici o la suciedad en muchos barrios vayan a generarle un lastre a las opciones de Joan Ribó y sus 71 primaveras. Suele decirse que las elecciones no las gana la oposición, sino que las pierde el Gobierno. Pero en el caso del cap i casal uno tiene sus dudas de que ese planteamiento sea exactamente así. Echar un vistazo a los cuatro años de Fernando Giner, luchando contra su propia personalidad y recurriendo a una permanente hipérbole que resultaba increíble, o a la absoluta invisibilidad de un PP imputado toda una legislatura -sin que la dirección nacional moviera un solo dedo para buscar soluciones-, permite concluir que en este caso sí, es la oposición la que se ha encargado de contribuir a que el Govern de la Nau se mantenga en el consistorio. La candidata del PP a la alcaldía, María José Catalá, bastante tiene con tratar de emerger entre el creciente ruido de sables que llega desde la calle Génova -cambiar el acento del apellido, a estas alturas, le puede generar más problemas que beneficios-. Y el número uno de Vox, Pepe Gosálbez, hará suficiente con dejarse llevar por el empuje de la marca de su partido. De manera que sí, es bastante difícil que el centroderecha sume en Valencia. Pero no será solo por la lógica decepción de sus votantes tras el batacazo del 28 de abril, que quizá les lleve en muchos casos a quedarse en casa. La legislatura que acaba de concluir tampoco ha permitido comprobar demasiada imaginación en esos partidos como para provocar una movilización absoluta. Ni con un acento nuevo.