Accidentes por distracción

El director de Tráfico plantea un abanico de causas más amplio y habla de problemas sociales y de formación

VICENTE LLADRÓ

Por encima de que Tráfico vaya a retocar la reglamentación de las sanciones y los puntos del carné de conducir, destaca ese nuevo aire que trae el nuevo (y veterano) director general, Pere Navarro, con un lenguaje claro y directo, innovador a la vez. Porque por primera vez escuchamos que además de la velocidad o el cinturón, entre las causas de las elevadas cifras de víctimas de accidentes están las distracciones. Más aún, el señor Navarro las pone en primer lugar, y eso es nuevo. Tan nuevo como que apunta al uso del móvil como elemento máximo que distrae, y no sólo en lo que fue desde el principio: para hablar, sino en las vertientes más actuales: las 'conversaciones' de whattsapp, que define como el mayor problema.

Pere Navarro nos habla además, por lo que le hemos escuchado y leído estos últimos días, de una raíz de problemas sociales y de formación. Seguro que ha preferido dejarlo así para no mostrarse demasiado duro, pero eso se resume en malos hábitos adquiridos y deficiencias de educación. Sin duda va por ahí, porque también ha aclarado que «con campañas de comunicación no se va a resolver».

Viene cañero el nuevo (veterano en estas lides) director general de Tráfico, nos gusta encontrar que un alto cargo hable así de claro. ¿La velocidad excesiva?, por supuesto. ¿El alcohol?, claro que sí. Pero no se queda en la periferia de lo previsible de casi siempre, va al grano e insiste en que las distracciones son las que causan más accidentes, por lo que tendrán multas más altas y más retirada de puntos. Y entre las distracciones, con el móvil cita también las de hablar con el 'manos libres', porque, según explica, cuando llegó el invento «nos pasó por encima», pero «el problema no está en el aparato, sino en la conversación».

Quizá le falta incluir el uso al volante del GPS o las aplicaciones que ayudan a encontrar itinerarios y ubicaciones. Lo vemos de continuo: conductores/as con un despiste tremendo, mirando la pantallita sin parar, deteniéndose de improviso, girando de repente, saltándose un ceda el paso, invadiendo el carril de al lado, yendo más lento de lo esperado sin causa objetiva... Y que nadie les llame la atención sobre su anómala forma de proceder, que se enfadan e insultan. Eso es mala educación, creerse los reyes del mambo, no pensar en los demás y poner en peligro a otros innecesariamente. Mucho más certero es pararse, mirar bien, preguntar, orientarse, dejarse aconsejar. Pero no, el aparato les ha dicho que es por allí, aunque no tienen ni idea de por dónde van. Esa es una grave raíz de problema social.

También es de agradar que el señor Navarro cite, contra corriente, que la educación vial afecta igualmente a otros segmentos del tráfico, como los ciclistas, «que deben asumir responsabilidades y los hay muy radicales». Es de aplaudir que un director general rechace de entrada que la antigüedad de un coche implique en sí mayor accidentabilidad, si está en buen uso y buenas manos, y que anuncie más tecnología para controlar. Quien avisa...

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