SE ACABÓ EL PASTEL

La convivencia en el gobierno de Ribó, si alguna vez la hubo, ha saltado por los aires con el desacuerdo sobre Benimaclet

SE ACABÓ EL PASTEL
Paco Moreno
PACO MORENOValencia

El puente festivo que se han tomado el alcalde Joan Ribó y buena parte de los concejales del gobierno municipal ha dado la apariencia de apagar el asunto de la construcción de 1.345 viviendas en Benimaclet, la última de las fracturas acaecidas en el tripartito, pero ni mucho menos está cerca de ser resuelta. Los días de asueto han servido para velar armas y afrontar la crisis de una coexistencia que se complica más conforme se acerca la cita con las urnas el 26 de mayo.

En este caso no ha sido, como señala con frecuencia Ribó, por las legítimas diferencias de los tres partidos, que pese al programa de gobierno tienen discrepancias. Es más grave, dado que Compromís, el socio mayoritario, ha rectificado de pleno su posición sobre el nuevo barrio, queriendo dejar en solitario a los socialistas junto a los estigmatizados promotores inmobiliarios.

Así de sencilla ha sido la jugada y sólo hay que acudir a la hemeroteca para comprobarlo. El 20 de junio de 2017, el Salón de Cristales del Ayuntamiento acogió lo que podemos denominar una solemne ceremonia de presentación de la propuesta de la asociación de vecinos sobre el desarrollo del barrio, avalada nada más y nada menos que por el entonces rector de la Universitat de València, Esteban Morcillo, y su homólogo en la Politècnica, Francisco Mora. Entonces nadie dijo ni una palabra, y mira que hubo ocasión con tantos parlamentos, para reducir el número de viviendas. Es más, todo lo que se reflejó en las noticias queda recogido en el plan presentado por Metrovacesa, con los edificios concentrados en los extremos de esta parte de la ronda norte, el mantenimiento de los huertos de autoconsumo donde están y la desaparición de las calles que debían conectar con el bulevar, para evitar itinerarios de paso para el tráfico.

Es más, el 26 de abril de este año, anteayer vamos, el pleno aprobó ese documento con un prólogo del propio alcalde y con el visto bueno de los servicios municipales, donde de nuevo se omite cualquier referencia a una revisión a la baja de las viviendas. ¿Qué ha pasado entonces?

Todo empezó con la creación de una plataforma vecinal llamada Cuidem Benimaclet (la candidatura de María Oliver para ganar las primarias de València en Comú se llamó Cuidem València ¡qué casualidad!), donde se pide directamente que se reclasifiquen los solares urbanizables en protegidos para campos de huerta. Dicen en un folleto que leo que el Consistorio no estaría dispuesto a indemnizar nada a los propietarios, lo que niegan en la concejalía de Desarrollo Urbano.

La cosa fue cogiendo temperatura para que no se construyera ninguna vivienda (ya que se ponen a pedir, pues todo) y mañana han anunciado que presentarán mil firmas de apoyo por el registro de entrada municipal. Entonces la asociación de vecinos, la que había trabajado duramente durante meses para consensuar la propuesta aprobada en el pleno, se desmarcó de la propuesta de Metrovacesa y pidió «un gesto» con la reducción de pisos.

Ese fue el caldo de cultivo aprovechado por Compromís para que el alcalde Ribó dijera la semana pasada que al plan había que darle una pensada y reducir la edificabilidad. Total, es sólo una inversión privada y no pasa nada si sigue paralizada desde 2003, cuando se presentó el primer plan parcial para desarrollar lo aprobado en 1988 con el Plan General. Si ya le ha echado el freno al nuevo barrio del Grao, lo mismo vale para Benimaclet.

Para mí eso es lo grave, el bofetón que se pega a la inversión privada. Lo mismo me da que se llame Metrovacesa que Ultramarinos Paquita, son personas que han puesto su dinero porque creen que Valencia tiene futuro, también para ellos porque al final son los que se la juegan.

El Plan General fue aprobado por un gobierno de izquierdas con un alcalde socialista y desarrollado por otro conservador con Rita Barberá a la cabeza. Las reglas de juego han servido durante más de dos décadas y apenas se han alterado. Romper ahora la baraja por parte de Compromís y València en Comú para hacer tabla rasa pone a estos partidos en el bando de los antisistema, todo lo contrario de las políticas de consenso que se necesitan. Esto no es como ha ocurrido con la ampliación del Botánico, donde son los electores quienes juzgarán la huida hacia adelante pactada con la Universitat. En Benimaclet hay empresas que han apostado por Valencia. ¿Por qué las trata así, alcalde?

 

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