La UE, frente a Trump

Sería paradójico que un presidente de Estados Unidos dinamitara la Alianza Atlántica, fundada por iniciativa de Washington

Por vez primera en bastante tiempo, la cumbre de la Unión Europea en Malta se vio revestida de un manto de interés casi sin precedentes por culpa del fenómeno Trump y su aparente convicción de que el mundo necesita un cambio completo de los paradigmas políticos y aún morales derivados de la II Guerra Mundial y la fundación de la ONU. Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, ha sido muy diligente en criticar este planteamiento y defendió enérgicamente una política de resistencia. Sin duda alguna, ha tenido muy en cuenta los criterios de Berlín y París al respecto. De hecho, una especie de troika formada por Tusk -polaco-, Berlín y París parece estar coordinando ya el nuevo tono con que la UE debe afrontar lo que es un inesperado desafío que procede nada menos que de los Estados Unidos. Hay ya ciertos indicios de que en Washington han tomado nota, se dejan ver algunas señales de cordura, sobre todo entre los militares, y se puede dar por seguro que la tempestad amainará. La UE respalda sin fisuras a sus miembros procedentes del viejo imperio soviético, muchos de los cuales, y desde luego los más importantes, lo son también de la OTAN y sería algo más que paradójico que un presidente norteamericano dinamitara la Alianza Atlántica, la exitosa criatura fundada en 1949 por iniciativa de Washington, por mucho que el inefable Trump la haya descrito como una organización obsoleta. Su buen entendimiento con Vladimir Putin, pendiente aún de alguna explicación coherente, no le llevará a convertirse en el dinamitador de la seguridad occidental. Ni tampoco de la Unión Europea, ya bastante azacaneada por los populismos irresponsables. En este escenario, la cumbre de Malta ha optado por no ocultar su falta de sintonía con la nueva administración norteamericana, pero lo hace, como es debido y útil, con contención formal y con matices. Esperar y ver es un recomendable adagio diplomático y se puede aguardar perfectamente algún tiempo hasta que termine el abrupto aterrizaje del gobierno Trump, y a que se produzca el previsto e importante encuentro Trump-Merkel ya previsto para agosto en Washington.