Ojalá

CARMEN VELASCO

En septiembre, al igual que sucede en enero, se suele hacer una enmienda vital que termina como siempre: incumpliendo los propósitos que se arrastran desde hace una década. Perfeccionar la versión de uno mismo es un objetivo legítimo y ser mejores es un deseo irrenunciable como especie humana. Desconozco cómo seremos en 3018, sé que no viviré para contarlo pero ojalá el periodismo sea mejor, disponga de más recursos y continúe siendo el encargado de incomodar a los poderosos y cabrear a los mediocres; ojalá la fuerza física de los hombres ejercida sobre las mujeres sólo sirva, como escribió Malena Tusquets en 'También esto pasará', «para darnos placer, para estrujarnos hasta que no quede ni una sola gota de pena ni de miedo en nuestro interior»; y ojalá los amigos, parafraseando a Robe Iniesta en 'El viaje íntimo a la locura', sigan siendo esas personas a las que «se les va a buscar, o se les espera, o se les llama, o se les piensa». Ojalá el futuro no nos defraude.

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