Nueva reforma educativa, las mismas polémicas

Concentración contra Educación para la Ciudadanía organizada en Alicante en 2009. / álex domínguez
Concentración contra Educación para la Ciudadanía organizada en Alicante en 2009. / álex domínguez

Religión, la concertada y la asignatura obligatoria de Valores vuelven a copar un debate que se prolonga más de una década

J. BATISTAVALENCIA.

«Retrocedemos una década» fue el titular elegido por el sindicato USO para su comunicado de rechazo a las medidas anunciadas por la ministra Isabel Celaá dentro de su reforma «urgente» de la Lomce de 2013: eliminar la demanda social como criterio de planificación escolar, acabar con el carácter académico de Religión y con su materia alternativa, deshacer los itinerarios de la ESO que dirigían al alumnado hacia Bachillerato o FP o crear una asignatura obligatoria -y por tanto con peso en el expediente- denominada Valores Cívicos.

De alguna forma el enunciado resume el sentir del sector concertado, que recuerda en sus pronunciamientos que es hora de avanzar hacia otras necesidades del sistema, superando un debate atascado y frentista con altas dosis de alineamiento político en ambos bandos. Y alejado del que se presupone que es el deseo de la ciudadanía en materia educativa: un pacto político y social, aunque sea mínimo, que dé cierta estabilidad a un sistema acostumbrado a la zozobra en función del color político de las administraciones.

Por ejemplo, el comunicado de la Confederación de Centros de Enseñanza apostaba porque «los debates sobre educación no se centren de nuevo en los conciertos, Religión o los itinerarios», cuestiones que consideró «de interés» pero «no relevantes a la hora de resolver el abandono temprano -la tasa española sigue lejos del objetivo europeo para 2020-, el desempleo juvenil, la falta de equidad, la situación de la FP o el bajo nivel de idiomas».

En clave valenciana, el mismo deseo ha mostrado la secretaria autonómica de Escuelas Católicas, Vicenta Rodríguez, al reclamar que el Gobierno se centre «en los problemas reales y más urgentes del sistema» en lugar de empezar con «ideología y programas». Desde la Federación católica de Apas, Fcapa, también aludieron al pasado al denunciar la «obsesión enfermiza contra Religión», mientras que Concapa, en el ámbito nacional, «temía» encontrarse ante «una reedición de la peor versión de la política del gobierno de Zapatero», además de poner el foco en la nueva materia obligatoria, que «tiene todo el aspecto de ser una reedición de la denostada Educación para la Ciudadanía».

También se coincidió desde algunos sindicatos docentes. Fsie lamentó que «una vez más nos enfrentamos a una situación de hostilidad hacia la enseñanza concertada» y a la «reavivada polémica respecto a Religión»; y para USO, «las propuestas nos retraen a tiempos de la LOE».

Cambios en las leyes

Algunas polémicas son más antiguas. La ley socialista de 1990 (Logse) generó una agria polémica en relación a la Religión, creando una alternativa no confesional que inicialmente se basó en actividades de refuerzo que fueron modificadas tras varias sentencias al perjudicar a los alumnos que elegían la materia, pasando a no tener contenido vinculado con el resto de áreas. En la última legislatura del PP de Aznar se aprobó la Loce, que no llegó a implantarse, cambiando la estructura con dos materias espejo (confesional y no confesional), evaluables y computables en el expediente. La LOE de 2006 volvió a la configuración anterior, mientras que la Lomce de 2013, también del PP, recuperó la esencia popular. Lo mismo pasó con los itinerarios de la ESO y con las reválidas, que pese a estar paralizadas desaparecerán en la nueva reforma, que en el caso de Religión tampoco prevé una materia espejo.

En cuanto a los conciertos sostenidos por la Lode de 1985, los cambios fueron de redacción, aunque supusieron un respaldo legal adicional con la idea de la demanda social, introducida por la Lomce en detrimento de la redacción fijada en la LOE.

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