«Hablamos con el menor por una ventana hasta que se tranquilizó y soltó el cuchillo»

El inspector Francisco Blanco, ayer, frente a un ordenador en la Jefatura de Policía. / Jesús Signes
El inspector Francisco Blanco, ayer, frente a un ordenador en la Jefatura de Policía. / Jesús Signes

Un negociador de la policía experto en resolver incidentes críticos y un profesor convencieron al joven que apuñaló a su maestra para que se entregara

Javier Martínez
JAVIER MARTÍNEZValencia

Actúan en situaciones límite y en los denominados incidentes críticos, como atracos con rehenes, conductas suicidas y episodios protagonizados por individuos armados. La persuasión, la experiencia y la intuición son las armas que emplean los inspectores de la Policía Nacional que pertenecen a la Red Nacional de Negociación. Cada año participan en una quincena de casos en la Comunitat Valenciana, pero muy pocas veces intervienen en dos sucesos el mismo día y en la misma ciudad. Sucedió el miércoles de esta semana en Valencia.

El inspector Francisco Blanco, jefe del Grupo de Atracos de la Policía Nacional, tiene que compaginar las investigaciones de la unidad que dirige con su labor de negociador en incidentes críticos y la asistencia a cursos y seminarios de psicología policial. Tras ser avisado del apuñalamiento de una profesora en el complejo educativo de la Misericordia, Blanco acudió con urgencia al lugar. El autor de la agresión había huido y estaba armado con un cuchillo en el borde de una azotea.

Mientras se desplazaba al centro escolar, el inspector ya estudiaba cómo encauzar la situación tras analizar los primeros datos que le facilitó el coordinador de la sala del 091. «Algunas veces piensas en la estrategia y cómo se puede actuar en función de la peligrosidad, pero luego llegas al lugar y te encuentras con un incidente más grave de lo que esperabas o con impedimentos que requieren una especial atención», explica Blanco.

El pasado miércoles, cuando el director del instituto le dijo que un tutor de la ESO mantenía una buena relación con el violento menor, el inspector pidió hablar con él de inmediato. Sabía que era clave para ganarse la confianza del joven de 15 años. Y no se equivocó. El profesor y el negociador, que vestía de paisano, entablaron una corta pero amigable conversación con el chico ucraniano pese a las pocas palabras en español que entendía.

El tono pausado del inspector ayudó también a persuadir al adolescente para que depusiera su actitud violenta. «Hablamos con el menor por una ventana hasta que se tranquilizó y soltó el cuchillo», señala Blanco. Tras unos minutos de silencio y después de que se apartaran los policías uniformados, el maestro y el negociador consiguieron que el joven se apartara del borde del edificio y lo convencieron para que saliera de la terraza. El incidente crítico terminó de la mejor forma. Tras la detención del agresor de la profesora, la Fiscalía de Menores informó ayer que el chico permanecerá internado en régimen cerrado por un periodo de seis meses, aunque prorrogables sucesivamente.

Pocas horas después de que Blanco resolviera la grave situación, el inspector volvió a ser requerido para que interviniera en otro suceso. Un hombre de 43 años amenazaba con arrojarse al nuevo cauce del río Turia desde el puente de la carretera CV-36. Sus compañeros necesitaban un negociador para doblegar la voluntad del individuo. El segundo aviso del día lo recibió sobre las cinco y media de la tarde.

Después de una hora de conversación con el hombre, Blanco lo convenció para que no se quitara la vida, pero contó con la ayuda de un compañero del equipo territorial de la Red Nacional de Negociación. Otro inspector de la Policía Nacional se desplazó al lugar para obtener información sobre la persona que pretendía suicidarse, sus problemas familiares y su historial clínico. «Fue un trabajo rápido y en equipo. Había que utilizar la inteligencia emocional para interpretar sus sentimientos y saber cómo iniciar el diálogo», afirma con seguridad. Y los policías lograron salvar la vida del hombre.

Antes de que el individuo depusiera su conducta suicida, los negociadores pidieron a la Guardia Civil que cortara la circulación en la V-30, porque el intenso tráfico «provocaba ansiedad al hombre», explica Blanco, y dificultaba una conversación con normalidad. «Había mucho ruido y teníamos que hablar a gritos porque no nos dejaba acercarnos», añade el inspector. Después de tratar el asunto con el mando que coordinaba el operativo, la circulación fue cortada en la autovía como había propuesto Blanco. «El que negocia no manda y el que manda no negocia. Es una premisa de nuestro trabajo», sostiene el experto policía.

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