El maltrecho legado de Bofill en Valencia

Columnario diseñado por Ricardo Bofill en uno de los tramos del viejo cauce del Turia. / irene marsilla
Columnario diseñado por Ricardo Bofill en uno de los tramos del viejo cauce del Turia. / irene marsilla

La Casa Social, uno de los edificios del arquitecto catalán en la costa de Calp, se arruina por falta de uso | Un tramo del viejo cauce tuvo que reformarse por un defecto de diseño

PACO MORENO , R.C. y Valencia

La reciente chanza del arquitecto Ricardo Bofill con su compañero de profesión Santiago Calatrava («es buen arquitecto, aunque a veces se le caigan cosas») obliga a echar un vistazo al legado que el veterano profesional catalán de 80 años tiene en la Comunitat. Un portafolio algo maltrecho tanto en Valencia como en Calp, dos de los lugares más representativos de su obra.

En el cap i casal, el Ayuntamiento tuvo que gastar 362.116 euros del presupuesto municipal entre 2017 y el año siguiente para el lavado de cara al que sometió el tramo XI del jardín del Turia, entre el puente de Aragón y el puente del Ángel Custodio. La parte del león del gasto fue evitar la ruina de las pérgolas diseñadas por Bofill e inauguradas en 1987.

El proyecto aprobado para la rehabilitación habla de que el deterioro era perceptible a simple vista, ya que «son numerosos los tramos en los que el hormigón se ha desprendido y la armadura se encuentra a la vista. Esto se debe probablemente en gran parte a la presencia de agua y al escaso recubrimiento de las armaduras». ¿De dónde salía el agua que cita la memoria del proyecto? La respuesta está en el siguiente párrafo, donde se apunta a un «diseño defectuoso en cuanto a la evacuación de agua, junto a un escaso mantenimiento durante todo el periodo de existencia del conjunto, ha acelerado el deterioro del mismo». El diseño de la red de riego de las jardineras en las pérgolas de Bofill, que contribuyó a tener que vallar varios tramos de las pérgolas para evitar accidentes en uno de las zonas más transitadas del viejo cauce, justo enfrente del Palau de la Música.

El Consistorio se gastó 362.000 euros en la rehabilitación del tramo del Palau de la Música

El documento indica también que en base a las patologías observadas se «intuye que la principal causa del avanzado deterioro de la estructura está relacionada con la función de jardineras que se les asignó a los elementos que actúan como vigas».

Las reparaciones consistieron en consolidar las zonas donde se habían producido más desprendimientos de cascotes, así como aplicar una pintura impermeabilizante y rectificar los desagües para que no volvieran a producirse filtraciones. La intervención se completó con la reparación de todas las láminas de agua, que llevaban años sin funcionar.

Además de las referencias a los problemas de diseño en la red de riego, el proyecto incluye un dibujo a mano alzada del plan original con una de las pérgolas repletas de jardineras y plantas colgantes en la parte superior, en lo que pretendía ser «una trama unitaria, con principal atención al curso continuado del agua y a una vegetación mediterránea con referencia a los jardines romano y árabe».

En el resto de la Comunitat, la obra más conocida de Bofill son los edificios conocidos como la Muralla Roja, Xanadú y el Club Social en la costa de Calp llamada La Manzanera.

El Club Social llegó a funcionar con el bar y las piscinas de agua salada. Aunque con el paso de los años y la quiebra de la empresa que debía urbanizar La Manzanera, se convirtió en un lugar en ruinas, fruto del abandono y la falta de mantenimiento. El Gobierno cedió este espacio a una empresa para su posterior explotación, pero el hecho de que no se acabase la urbanización supuso su declive.

Desde hace una década, el ejecutivo calpino ha luchado con Costas, que quería derruir el edificio, para recuperar este Club Social y llevar a cabo un plan de reforma integral del entorno cifrado en un millón de euros. El Ministerio de Medio ambiente debía otorgar la concesión al Consistorio, que se concedió para un periodo de 30 años, a la espera de contar con el millón de euros que cuesta recuperar este paraje.

El proyecto prevé mantener los óculos, la escalinata de acceso, los muros de piedra, la plataforma con las dos piscinas de agua salda y la rampa del embarcadero. También se quiere hacer un dique rompeolas con bloques de unos 3.000 kilos de peso que constituirá una barrera de protección y frenará la acción del mar en el edificio.

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