El lado oculto del grafiti

Expertos detectan una nueva hornada de jóvenes dispuestos a llenar paredes con sus pintadas mientras el arte urbano se reivindica. El sector ferroviario lamenta daños de un millón por las acciones de los aficionados más radicales

El lado oculto del grafiti
FOTOGRAFÍAS JESÚS SIGNES / GRAFITI HOPE
Juan Antonio Marrahí
JUAN ANTONIO MARRAHÍValencia

Paredes, casas abandonadas (o no), farolas, muros, fachadas antiguas o a medio construir, las rampas del cauce del Turia, buzones, persianas de comercios, trenes, puentes… Cuando cae la noche, un ejército de aficionados al grafiti sale de casa, solos o en compañía, para dejar su huella de color o trazo monocromático. Los problemas llegan cuando esa impronta afecta a trenes, bienes de valor cultural o negocios y propiedades cuyos dueños no desean la alteración. Y se suma el riesgo. Los aficionados lloran en estos días a 'Koner', el chico de 14 años que sufrió un atropello mortal cuando cruzaba la V-30 tras acompañar a su pandilla a una pintada en el cauce del Turia.

El grafiti es un universo de contrastes. Como un cuchillo con el que se puede hacer mucho daño o preparar manjares. En los últimos años, tanto ayuntamientos como organizaciones culturales han buscado una salida no clandestina a la expresión con aerosoles de color. Ellos se sienten 'escritores', no vándalos. Incluso muchos grafiteros que empezaron en las calles lidiando con la multa se han profesionalizado y su buena mano es solicitada para pintar comercios, pubes, colegios... La admiración por su estética halla su mejor ejemplo en la última falla municipal de Valencia, obra del aclamado tándem Pichi & Avo.

Pero aquellos otros que prefieren la noche, la capucha y la adrenalina de lo prohibido están también ahí fuera, entre muros, talleres de trenes, estaciones, vallas o persianas. ¿Cuál es la verdadera motivación del grafitero? La respuesta la dibuja 'Hope', uno de los ya consagrados. «No siempre buscas embellecer un muro o el paisaje gris. A veces es más desahogo, encontrar sentido a lo que haces, valorarte a ti mismo pintando y que te valoren tus colegas. Autoafirmación y expresión. Dejar una huella. Que alguien que no te conozca vea tu acción y se pregunte: ¿quién carajo será este?».

Pero, claro, hay conflicto. Muchos no quieren que esa expresión llegue a su tren, a su casa, a la persiana de su quiosco o al bien cultural. Para combatir el grafiti ilegal, los miembros de las Fuerzas de Seguridad cuentan hoy con especialistas encargados de seguir y localizar a aquellos más activos cuyos 'bombardeos' acaban con denuncias de particulares o empresas... «Hay hornadas nuevas de grafiteros, un montón, en Valencia, en Paterna... Chavales nuevos que en el colegio no les va bien y centran sus esfuerzos en cosas de estas», resume uno de ellos, que prefiere mantenerse en el anonimato.

Según el experto, es un error pensar que el joven grafitero pertenece a un ámbito marginal o a una familia desestructurada. «Está en todo tipo de sociedades y estratos. Hay muchísimo aficionado de buena familia», apunta. Para 'Hope' «lo que hay es una generación que quiere expresarse y cada vez se da menos cancha al potencial juvenil».

Mientras, el sector ferroviario ha estallado contra los grafiteros más radicales. Los 'treneros'. Tanto Renfe como FGV se gastan un millón de euros cada año en la Comunitat para limpiar pintadas. Durante el año pasado fueron más de 200 los vagones afectados en zonas de ámbito autonómico, según las cifras que manejan ambas compañías.

El Observatorio de Civismo en el Transporte Ferroviario asegura que el perfil de estas bandas se está radicalizando. «Son grupos delictivos coordinados y descargan indistintamente sobre instalaciones, material móvil, viajeros, empleados o vigilantes de seguridad». A diferencia de los murales, «el grafiti ferroviario es siempre ilegal» y «de un tiempo a esta parte», su conducta «suele ir asociada a daños, robos, coacciones, amenazas y agresiones», añade la organización. Además, las entradas de jóvenes en las instalaciones entrañan «riesgos de atropello, electrocución o caídas».

Pintar y limpiar

Según Renfe, hasta septiembre del año pasado se registraron casi un centenar en pintadas en sus vehículos y áreas ferroviarias de la Comunitat. Desde FGV cifran en 129 las pintadas que sufrieron sus trenes durante 2018, con una inversión en limpieza de 322.000 euros.

Pero no es lo mismo pintar un tren o la catedral que dejar un 'tag' en un olvidado muro derruido. La abogada del ICAV Ester Sanchís, responsable del Turno de Oficio, lanza una crítica: «Las conductas de los grafiteros se encuentran difusas entre la sanción administrativa y el reproche penal y no ayuda demasiado la regulación del Código Penal u ordenanzas».

Un grafitero se expone a prisión de hasta tres años por un delito de daños, pero esto rara vez sucede. La cárcel se reserva para supuestos como «arruinar al perjudicado o colocarle en grave situación económica, los daños de especial gravedad o que afecten a intereses generales o bienes de dominio público o comunal». Según Sanchís, «por la vía penal la multa puede llegar a los 24 meses, pero si el daño no excede los 400 euros, la horquilla para la sanción es de entre uno y tres meses»

En el reproche administrativo, el spray ilegal también puede vérselas con ordenanzas municipales o la Ley de Seguridad Ciudadana. Prevé como infracción leve «los daños o el deslucimiento de bienes muebles o inmuebles de uso o servicio público, así como privados en la vía pública cuando no constituyan una infracción penal». En este caso, la multa para el grafitero oscila entre los 100 y los 600 euros, concluye la jurista valenciana.

ABECEDARIO GRAFITERO

T
'TAG'. Firma. El pseudónimo escogido por el grafitero. Puede ser desde el apodo, una canción, un referente o incluso un dibujo.
C
'CREW'. La pandilla. Grupo de grafiteros con un mismo objetivo o acción. En Valencia destacan TFK, TBS, XLF o Wall Artitude.
T
'THROW UP'. Pieza de texto rápida y sin demasiada elaboración, normalmente a un trazo y, a lo sumo, con un solo color de relleno.
E
ESCRITOR. Es el concepto que define al grafitero. Dado que sus trazos son a veces letraso mensajes, muchos prefieren este término.
B
'BOMBING'. Bombardeo. Misma pintada, normalmente un 'tag', repetida en un sinfín de objetos o estructuras de una zona urbana.
H
'HALL OF FAME'. Un lugar con numerosas creaciones y en el queya se ha asumido quese puede pintar.
M
MURAL. Palabras mayores. Pieza amplia y elaborada con composición y mensaje, con un empeño más visual y carácter duradero.
T
'TOY'. Tag Over You. Así se designa a un principiante. Algunos expertos pintan TOY sobre el trazo pobree inmaduro de un TOY.
E
ESTILO. Es lo que da carácter y diferencia al grafitero. También se habla delestilo futurista, 'wild style', pompa o 3D, entre otros.
F
'FREE STYLE'. Improvisar. Dejarse llevar por los sentimientos del momento, a veces conla inspiración de música.

«Si me pillaban, lo asumía y volvía a la calle otra vez»

'Hope' saca el bote de spray. Una vez más. Lila luminoso sobre negro. Traza curvas con soltura y escribe 'Koner'. Es el nombre grafitero que esogió el chico de 14 años fallecido en el accidente de la V-30. Es su particular muestra de respeto y pésame a los familiares. «Es una desgracia, una verdadera pena. Realmente, creo que es el destino… Te puedes morir haciendo grafiti, de un accidente, por un cáncer…».

Él también tenía 14 años cuando empuñó el primer bote. Y también sabe lo que es bajar a las faldas de cemento del cauce para vaciar botes y botes de pintura plástica. Lo hizo hace seis años para dejar un descomunal 'Hope' de 40 metros. 'Duke', el alfil cuya sonrisa le desafiaba desde las rampas de cemento, le inspiró. «Yo también quería hacer algo grande».

'Hope' se crió en Mislata. Hijo de un ama de casa separada que luchó por dos hermanos. Nació en 1978 y ha vivido el tránsito de las multas, las capuchas y la pillería a ver su talento reconocido, remunerado y expuesto como un arte que se puede admirar en Hope.XLF, en Instagram. O en espacios urbanos de Valencia, Mislata, Ibiza y otras ciudades.

Tras su etapa escolar en Mislata, cursó estudios de matricería en la rama del metal. Pero su verdadera vocación eran los colores. «Desde que tengo uso de razón dibujo y garabateo». Con 14 años cayó en sus manos el primer bote «verde coche», como define. «Se lo robé a la pareja de mi madre del garaje y salimos con los colegas a probarlo por Mislata». Hoy esos amigos son el pintor de murales 'Dave' y un diseñador gráfico y de 3D. «Estabamos haciendo el gamba, pero mucho salió de ese bote», recuerda. Primero fue SAC, personaje de una serie, SAFH, otro nombre de la ficción, END, por un tema de The Doors, hasta acabar, hace una década, con su alias definitivo: 'HOPE'.

Ha hecho locuras e ilegalidades por el grafiti. «¿Y quién no? Que te guste esto es, en parte, saltarte reglas, sobrepasar límites». ¿Peligro? «Pues sí. Me he metido en edificios al borde del derrumbe, he pintado entre paneles de abejas, en fábricas abandonadas». Los cementerios de viga y cemento, asegura, «aportan paz en medio del caos, allí no hay límites. Y no haces daño a nadie pintando».

El reconocido grafitero de Mislata se las ha visto con la justicia en varias ocasiones. «Detenciones, juicios, algunos arrestos domiciliarios o pago de multas de hasta 400 euros» fueron el castigo a sus expediciones urbanas o por descampados. «Antes por pintar un muro abandonado te metían un juicio. Si me pillaban lo asumía, pero volvía a la calle otra vez», resume.

Un día hubo un pequeño lío con el lugar elegido para sus trazos. «Creía que pintaba el muro abandonado de un solar y era el aparcamiento de un cuartel de la Guardia Civil. Un agente me empotró contra la pared. Se lo aclaré y todo se solucionó», rememora.

'Hope' opina que la clandestinidad no es el fin, «pero cada uno tiene una visión del grafiti». «Para mí no es pintar por hacer algo ilegal, es un desarrollo artístico. Necesito espacios donde fluya libremente y si pinto algo prohibido no es porque quiera problemas con la poli o el vecino». Con la madurez, admite, «intentas evitar más los problemas y sacar un fruto».

Respecto a los grafitis en trenes, «no voy a dar lecciones de qué pintar o no pintar. El riesgo engancha, pero a mí no me llama eso. Allá cada cual con sus decisiones. He tenido amigos al borde de la cárcel por los trenes. Una cagada te puede arruinar la vida».

'Hope' también ha vivido los piques y broncas entre aficionados. «A un grafitero no le gusta que venga otro y estampe su 'tag' en su trabajo». Cosas así acaban mal. «En la calle tienes que respetar y hacerte respetar», resalta.

Y tras años de pilladas, algún bofetón y una fortuna gastada en botes ha alcanzado la deseada estabilidad profesional con su pasión de la infancia. Hoy se gana la vida como pintor de murales en negocios y tatuador. «Llevo muchos años sin saber cómo llegar a final de mes y, aún hoy, con 41 años, no me puedo relajar». Intentamos saber cuánto ha llegado a cobrar por sus obras, pero su confianza no llega a tanto. Un grafitero tiene sus secretos. Su mensaje a nuevas generaciones del spray es sencillo: «El riesgo tira, vale, pero mola más llegar a casa. Por las personas que nos quieren».