Bajo la amenaza del fuego

Los montes valencianos afrontan el verano con el peor inicio de año desde 2015 en superficie arrasada por los incendios forestales

Juan Sanchis
JUAN SANCHISValencia

Apenas quedan unos días para que empiece el verano y con este, el periodo más favorable para los incendios forestales. La Comunitat los ha sufrido con especial intensidad. En los últimos diez años se han contabilizado diecisiete grandes incendios forestales (aquellos en los que se queman más de 500 hectáreas), casi dos al año, con un balance de más de 72.300 hectáreas arrasadas.

Las expectativas ante el verano no son muy alentadoras. Los expertos advierten de que los grandes incendios pueden causar estragos en los próximos años. Apuntan que el cóctel formado por oxígeno, temperatura y combustible, elementos básicos de cualquier siniestro forestal, amenaza el territorio valenciano. Con los dos primeros, poco se puede hacer. La política forestal podría, en cambio, disminuir el material inflamable. Aunque denuncian que no ha sido así.

«El monte ahora es peligroso por la cantidad de elementos incendiables que acumula», explica Juan Manuel Batiste, decano del Colegio de Ingenieros Técnicos Forestales de Valencia. Recalca que se ha llegado a esta situación por «la falta de gestión» y considera que «se ha alcanzado un punto en el que cualquier chispa puede originar un incendio de grandes proporciones».

Los datos estadísticos sobre incendios hasta abril de 2018 son preocupantes. Se ha registrado un aumento de la superficie forestal quemada en lo que es el peor inicio de un año desde 2015, con 609 hectáreas arrasadas, según los datos de la Generalitat Valenciana. En enero se quemaron más de 200 hectáreas, casi el doble que la media de la última década.

El año comenzó con un incendio en la Marjal dels Moros (200 hectáreas quemadas). El parque natural del Prat de Cabanes en Castellón fue afectado por un siniestro en febrero (100) y otro en marzo (206).

Los datos que manejan los bomberos del Consorcio Provincial de Valencia apuntan en la misma dirección. Entre enero y mayo han realizado 1.525 intervenciones por incendios de vegetación, lo que supone un incremento del 68% respecto al año anterior.

La progresión es aún más relevante al comparar los datos de los ocho primeros meses del año hidrológico (octubre-mayo) de 2016-17 y 2017-18. Las intervenciones de los bomberos se incrementaron un 131%.

Verano complicado

No son datos tranquilizadores. Hace unos días el Consorcio presentó el dispositivo de extinción de incendios del verano. Sus responsables advirtieron de que los próximos meses pueden ser complicados, especialmente en el litoral por la sequía que se arrastra desde hace varios años.

«Se acerca un un periodo difícil, pero todo depende de la meteorología, de cómo acabe la primavera y empiece el verano», explicó José Miguel Basset, intendente jefe de los bomberos del Consorcio.

Los expertos apuntan que o se hace gestión forestal sostenible o la Comunitat sufrirá grandes incendios, con más de 50.000 hectáreas arrasadas

El incremento de los incendios forestales se puede relacionar con varias causas. Las precipitaciones ocurridas en el invierno, sobre todo en las semanas finales, han hecho que la vegetación esté más desarrollada que en otras ocasiones. «Las lluvias aisladas han hecho que aumente la disponibilidad de combustible», apuntó Basset. Además, la Plataforma Forestal y los agentes medioambientales coinciden en señalar que el abandono que sufre el campo convierte a los montes en terreno abonado para la propagación de estos siniestros.

Desde el sector forestal no ocultan su malestar con la Conselleria de Medio Ambiente. Consideran que los tres años del tripartito han sido baldíos en prevención. Resaltan que el problema se remonta a la década de los 80 del siglo pasado por la falta de una política medioambiental y forestal adecuada, pero apuntan que los actuales gestores han agravado aún más la situación con la falta de actuaciones.

El presidente de la Plataforma Forestal, Fernando Pradells, señala que «se abandona el monte a su suerte a la espera de que se produzcan grandes incendios forestales o de que actúen las plagas». Desde los agentes medioambientales se insiste en la misma línea. La superficie forestal está descuidada, abandonada por la falta de una política seria de gestión.

Todos los implicados señalan que no se ha fomentado una intervención activa en el monte. Critican que no hay una estrategia para recuperar actividades silvícolas tradicionales o frenar el abandono de los campos, que son formas de controlar el avance de los incendios.

Fuentes de la Conselleria de Medio Ambiente argumentan, por su parte, que se está realizando una activa labor de prevención basada en varios pilares. Destacan que en 2017 se invirtieron 10,9 millones en el Plan de Vigilancia Preventiva. Además, insistien en las campañas de concienciación que se están realizando.

También resaltan la inversión en infraestructuras contra el fuego, como adecuación de pistas forestales, mejora de depósitos de agua o trabajos de silvicultura, entre otros.

Macroincendios

Juan Manuel Batiste echa de menos una política forestal coherente. «Hay que hacer una intervención activa y sostenible en el monte», explica. Aboga por actuaciones que permitan el mantenimiento de las superficies forestales «en condiciones para su supervivencia, pero no con un crecimiento incontrolado como ahora. Primero se debe hacer un plan de ordenación y luego actuar».

Batiste alerta de que aumentar los medios de extinción no garantiza controlar el fuego

No hay muchas más opciones. Así lo reconocen los expertos. La alternativa es que se originen macroincendios en la Comunitat como los que son habituales en California o Australia. «Pueden arder más de 50.000 hectáreas en un único siniestro», aseguró Batiste. El decano de los ingenieros técnicos forestales añade que «hay estudios que señalan zonas de las tres provincias en los que es posible que se produzcan». Una advertencia similar a la lanzada en varias ocasiones desde la Plataforma Forestal.

Las cañas en el Carraixet en Olocau están junto a las viviendas.
Las cañas en el Carraixet en Olocau están junto a las viviendas. / D. Torres

El mayor incendio en la Comunitat se localizó en Cortes de Pallás en 2012. Se quemaron más de 28.600 hectáreas. Ese mismo año las llamas arrasaron otras 20.000 en Andilla. Hay que retrotraerse a la década de los noventa del siglo pasado para encontrar siniestros similares. En 1994 ardieron casi 50.000 hectáreas en Millares y Requena.

Ante esta amenaza, la Plataforma Forestal ha organizado un congreso en Calpe para abordar la problemática y sus posibles soluciones. «Queremos concienciar de lo que hay que hacer para prevenir estos incendios», explicó Pradells.

Abandono de campos e incendios forestales

Uno de los factores que contribuye a la propagación de los incendios es la continuidad de la masa forestal. El abandono del campo y la despoblación que sufre el interior de la Comunitat y otras regiones españolas está agudizando el crecimiento de la masa de vegetación formando un continuo que facilita la expansión de las llamas. Los expertos apuestan por la potenciación y recuperación del mundo rural de forma que se restablezcan cultivos (con lo que se conforman cortafuegos naturales), las actividades ganaderas, apícolas y las tareas de silvicultura, entre otras.

Las administraciones están poniendo el acento en incrementar las dotaciones y la inversión en los medios de extinción de incendios. Se destinan más aviones, más bomberos, más brigadistas, más autobombas, más helicópteros..., como si fuera la solución a estos siniestros.

Los expertos desconfían de esta política. Recuerdan que existe lo que técnicamente se conoce como 'fuego fuera de la capacidad de extinción'. Se refieren a ese punto en el que las llamas alcanzan tales dimensiones que no es posible atajarlas. «Poco importa el número de aviones o de bomberos, no hay nada que hacer», destaca Batiste. «Es como un depósito de combustible. Si sólo está lleno hasta la mitad, un bombero se puede acercar con la manguera. En cambio, si está hasta los bordes, no se puede ni aproximar», explica Batiste, para quien los montes están ahora a rebosar.

Barrancos

A la falta de cuidado de los montes se une la escasa atención que se presta a barrancos y cauces de ríos que aparecen llenos de cañas y vegetación, que en muchos casos se alzan junto a viviendas.

Las denuncias son continuas. En el cauce del río Vaca en Tavernes de la Valldigna se han registrado tres incendios en dos semanas. El Ayuntamiento de Torrent ha pedido en varias ocasiones a la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) que limpie los barrancos. La CHJ no ha intervenido en el lecho del río Girona en Ondara, como apunta su alcalde, José Soriano. Tampoco se ha actuado en Els Poblets, como señala Salvador Sendra, su primer edil. En una situación similar se encuentra el barranco del Carraixet en Olocau.

De las 1.525 actuaciones que han tenido que realizar entre enero y mayo los bomberos del Consorcio, 1.461 fueron para atajar incendios de matorral y vegetación. Desde esta entidad señalan que, entre otras causas, el incremento se debe a la mayor vegetación y a la pelusa de los chopos, una partícula altamente inflamable que tiende a acumularse en las riberas.

La Confederación Hidrográfica es la responsable de mantener estas zonas. Muchas de estas tareas no se hecho. El presidente del Consorcio, Josep Bort, ha indicado que le «preocupa que los barrancos no estén en condiciones, ya que al estar llenos de vegetación actúan como propagadores del fuego». Bort denuncia que la CHJ «lleva mucho tiempo desatendiendo sus obligaciones y obliga a los ayuntamientos a actuar cuando no les corresponde».

Ricardo Crespo. Pastor «Ni hacen ni dejan hacer»

Ricardo es pastor. Cuenta que hace un par de años el Ayuntamiento de Olocau le llamó para que sus cabras acabaran con el cañar que crece en el barranco del Carraixet a su paso por el casco urbano. «Íbamos sectorizando el espacio entre los dos puentes con vallas; soltábamos a las cabras, que poco a poco acababan con la vegetación», explica. Señala que en unos días los animales hacían su trabajo. Este año no se ha podido actuar. La Confederación Hidrográfica del Júcar todavía no ha autorizado la entrada de los animales, «pese a que hace tiempo que la pedimos». Indica que primero solicitó un informe de la Conselleria de Medio Ambiente, «que ya le entregamos y era a favor». El problema es que no han tenido contestación. Mientras, la vegetación se ha ido adueñando de este espacio de forma que las cañas ya superan el metro de altura y se encuentran junto a viviendas. «En el caso de que se prenda fuego, será una verdadera amenaza para el pueblo», explica Ricardo, que critica a la CHJ y denuncia que «ni hacen ni dejan hacer».

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