La forja de Miguel Durán en Alicante

Miguel, jugando al fútbol en el internado de Alicante. / lp
Miguel, jugando al fútbol en el internado de Alicante. / lp

El exdirector general de la ONCE inició sus estudios en el internado Espíritu Santo

ISABEL DOMINGOVALENCIA.

De las paellas del cura Jerónimo en Tabarca a las excursiones a las Salinas de Torrevieja, los partidos de fútbol con un balón recubierto por una malla de cuerda de la que colgaban chapas o las escapadas a Radio Alicante para cantar coplas a dúo con su amigo Antonio Perán y el guitarrista del programa de Pepe Galiana, Morenito del Hellín.

Son algunos de los recuerdos que desgrana el abogado Miguel Durán en sus memorias 'Lo que hay que ver' (Ediciones Península, 2019), escritas por el propio Durán con la periodista Esther Jaén, sobre su paso, a los 11 años, por el internado Espíritu Santo de Alicante. Los dos años que pasó en este centro de educación integrada de la ONCE marcaron el carácter y la carrera profesional del que más tarde sería director general de la entidad, presidente de Telecinco y de Onda Cero e impulsor del cuponazo, entre otros hitos.

Durán, ciego de nacimiento, recaló en Alicante el 4 de noviembre de 1966 y estuvo allí hasta finales de junio del «convulso 1968», recuerda en conversación con LAS PROVINCIAS. «Guardo un recuerdo muy bueno de aquella época aunque fue un trauma inicial porque mi madre me dejó allí y yo nunca me había separado de mi familia», cuenta. Miguelito, como se le conocía entonces, reconoce que se sintió desamparado pero tuvo que escoger «entre hundirme o mirar hacia el cielo. Y opté por tirar p'alante».

Durán recuerda las excursiones a las Salinas de Torrevieja y las paellas en la isla de Tabarca

Aquellos años despertaron su inteligencia, pragmatismo y un carácter innato para superar las adversidades con una actitud positiva. «Yo no quiero que se me tenga lástima, hay que cambiarlo por la solidaridad y el compañerismo», resalta al tiempo que añade que «siempre ha intentado ser útil a los demás y encontrar la felicidad en esa utilidad».

Sus profesores en Alicante le animaron a sacar buenas notas y en apenas cinco meses logró sacar el primer y segundo curso de primaria con sobresaliente. «Tuve muy buenos profesores que creyeron en mí y me potenciaron lo que pudieron. Siempre agradeceré su implicación». Profesores ciegos, como él, «que eran un espejo para nosotros». Ellos forman parte de ese «buen recuerdo» alicantino, al igual que «las notas a final de curso o cuando venía mi hermano Juan a buscarme para pasar las vacaciones en casa», en Sant Boi, donde residía la familia.

De Alicante Durán dio el salto a Madrid para continuar los estudios de bachillerato y convertirse en unos de los expedientes académicos más brillantes de la ONCE, que luego lideró. Como apunta la coautora del libro presentado ayer, Esther Jaén, Miguel llegó a sentarse en la cúspide del poder económico de España aunque él le reste importancia y asegure que «si quieres progresar, es inherente el sacrificio».