«Hacen falta normas y fijar líneas que no deben cruzarse en la modificación genética»

El investigador Francisco Mojica, el pasado año. / jesús signes
El investigador Francisco Mojica, el pasado año. / jesús signes

Francisco Mojica, Microbiólogo de la Universidad de Alicante | El científico valenciano que descubrió la técnica usada en China para experimentar con dos gemelas bebes pide una regulación internacional

M. GUADALAJARA VALENCIA.

«Es equivalente a crear una nueva raza, una salvajada que este individuo podría seguir haciendo en su propia casa». Así de tajante se muestra el investigador valenciano Francisco Mojica, quien descubrió la base científica que dio lugar al sistema para alterar el ADN, la técnica usada por el científico chino He Jiankui para modificar genéticamente a dos gemelas bebes.

En China ya se han apuntado el tanto, aseguran haber creado los primeros bebes con genes modificados. La UNESCO ha alertado sobre el «uso imprudente» de la edición genética y pide demorar este tipo de prácticas hasta que se pruebe su seguridad y eficacia. Mientras, la comunidad internacional sigue sin tomar cartas en el asunto, ya que aunque el laboratorio chino desautorice estás prácticas, «la técnica es tan sencilla y barata que en su garaje podría continuar los experimentos sin ningún tipo de control», dice Mojica.

Simple, sencilla y barata, así describe el valenciano esta herramienta que conserva el nombre con la que él mismo la bautizó: CRISPR. Es la revolución biomédica, tiene múltiples aplicaciones que se realizan en diferentes campos de investigación, así como en métodos que ya están aprobados en medicina, agricultura y ganadería.

Pero en el uso de la alteración genética en humanos es donde no tiene barreras. La falta de normas y límites son la causa de sucesos como el que ha ocurrido en China y con el que se ponen de nuevo sobre la mesa las líneas éticas. «Hacen falta normas y establecer líneas que no se deben cruzar en la modificación genética, porque este señor no ha curado una enfermedad, lo que ha hecho es hacerles inmunes al virus del VIH sin tener en cuenta las consecuencias; ahora las bebés son más sensibles a otros virus como el de la gripe, que en la actualidad causa un mayor número de muertes», explica Mojica.

El investigador considera que esto es incontrolable sin «una legislación más estricta y un acuerdo de la comunidad internacional». En su opinión deberían limitarse y en caso de que se quiera investigar «deberían abrirse informes detallando la actividad que se realiza y los fines; entonces podría someterse a una valoración sobre si debe llevarse a cabo o no». Aunque considera que «con sentido común» se podrían emplear, advierte de que «es mejor esperar a que mejoren, a perfeccionar su técnica sin que tengamos que sufrir las consecuencias». Mirando hacia el futuro, el éxito está garantizado según Mojica, porque con este método «los investigadores tienen una oportunidad incalculable, ya que abre la puerta a erradicar virus o a eliminar enfermedades genéticas como el alzhéimer».

El microbiólogo matiza no ser un experto en genética, pero se siente orgulloso de su aportación en este campo, a pesar de ser el gran desconocido y no haber sido reconocido por este mérito. «A la mayoría no le importa de dónde viene CRISPR ni saben, ni hacen mención. Es un conocimiento que ahora es básico y entiendo que ya nadie se pregunte de dónde salió», dice.

Haciendo un símil comenta que «cuando uno compra unas tijeras no se pregunta quién las inventó». A pesar de haber terminado su investigación hace años, hasta que en 2016 no fuera citado por un científico estadounidense en una publicación de relevancia internacional, su labor no fue tenida en cuenta en este campo concreto.

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