La Comunitat atiende más de 4.000 solicitudes de asilo y se espera un repunte este año

Dos trabajadores de la entidad sin ánimo de lucro junto a un navío de Open Arms. / cear
Dos trabajadores de la entidad sin ánimo de lucro junto a un navío de Open Arms. / cear

La Comisión Española de Ayuda al Refugiado alerta del aumento de la violencia extrema en el norte de África

A. CORTÉSVALENCIA.

Las solicitudes de asilo entre Castellón (505), Valencia (3.588) y Alicante (237) ascendieron a 4.330 en 2018. La valenciana fue la cuarta comunidad en número de solicitudes y la provincia de Valencia la tercera de España, por detrás de Madrid y Barcelona. La previsión es que en 2019 se vayan a «duplicar las solicitudes de asilo a nivel estatal y autonómico», según la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). Ángela Nzambie, responsable de Voluntariado e Incidencias del centro CEAR en Valencia, advierte que las resoluciones pueden llegar a tardar años en resolverse y que escasean las favorables. A todo esto, se suman «las devoluciones en caliente, los cierres de fronteras o la externalización de la gestión migratoria a países como Libia», lo que reducen las llegadas.

Nzambie también advierte de «la brutal escalada de violencia en las fronteras norteafricanas, sobre todo en Libia». «Los derechos humanos se vulneran constantemente en este país y la mujer es la principal víctima de las agresiones físicas y sexuales», explica la especialista, «hay migrantes que llegan embarazadas fruto de los asaltos sufridos». Muchos lo describen como «un infierno en la tierra» y las vejaciones se extienden incluso en los centros de detención de inmigrantes, lo que ha sido denunciado por Naciones Unidas y observadores internacionales.

Los tres entrevistados partieron de Libia cuando «les superó la violencia a la que se enfrentaban a diario» y reconocen que han visto morir a varias personas delante de ellos. «Los agresores libios exigían a las mujeres que se desnudasen y luego las violaban, no se podía combatir la brutalidad», rememora con dolor Emily. Por todo ello, el miedo común entre los que cruzan el Mediterráneo es ser devueltos al litoral libio por las patrullas costeras.

Denuncian que la situación para los refugiados es muy dura en las fronteras norteñas, en particular Libia y Túnez. Mok no puede más, y sólo desea que «se abran los puertos europeos a los navíos con personas rescatadas en el mar». «Quien experimentase la barbarie de Libia, no le negaría jamás la entrada a un refugiado», concluye el sierraleonés.