Las comuniones aguantan el tirón

Dos trajes de comunión para niño expuestos en Olegario, uno de los comercios emblemáticos de Valencia./damián torres
Dos trajes de comunión para niño expuestos en Olegario, uno de los comercios emblemáticos de Valencia. / damián torres

Las últimas cifras de las celebraciones reflejan una bajada de un 10% mientras tiendas y salones constatan que las ventas se mantienen

ISABEL DOMINGO

Llegó el segundo domingo de mayo, festividad de la Virgen de los Desamparados y el día preferido por muchos padres para que sus hijos tomen la primera comunión. Pétalos a la salida de casa, traca, ropa de estreno o un banquete son algunos de los símbolos que se asocian a la celebración de un sacramento católico que mantiene el tirón pese a la creciente secularización de la sociedad española, y por ende, la valenciana.

Si las estadísticas reflejan una caída brusca de otros ritos católicos, como bodas (el 80% de los matrimonios ya son civiles en la Comunitat) o bautizos, no ocurre lo mismo con las comuniones, que se sitúan como la primera celebración en la Iglesia.

Desciende su número, sí, pero aguantan, sea por tradición familiar o sea por creencias de fe. En 2017, por ejemplo, la archidiócesis de Valencia registró 16.363 comuniones, según los datos hechos públicos por el Arzobispado de Valencia con motivo del Día de la Iglesia Diocesana en 2018. La cifra representa un 9,83% menos que en 2016, con 18.148 comuniones. Entre 2015 y 2017 el descenso fue del 11,8%. De 2018 aún no se conocen las cifras.

Tampoco las ha hecho públicas la Conferencia Episcopal Española (CEE), cuyos datos más recientes son de 2016: 238.671 comuniones. Ese año la institución recordaba que el impacto de las conocidas como BBC (bodas, bautizos y comuniones) era de 4.942 millones, el 0,47% del PIB español.

¿Se nota ese descenso del 10% en los negocios que se mueven alrededor de este sacramento? Desde la Asociación de Salones de Banquetes de la Federación de Hostelería de Valencia, su presidente, Ignacio Aliño, explica que el número de celebraciones «se mantiene» aunque las tendencias han cambiado. Por ejemplo, ahora hay menos invitados adultos y más niños, «que han pasado de ser un 10-15% de los asistentes a llegar al 50%». De ahí que también cobre mayor protagonismo la animación infantil en el banquete o decoraciones para ellos, como las mesas de chucherías.

Más variedad en la moda

Sucede lo mismo con la indumentaria, donde los más pequeños tienen ahora «más peso a la hora de decidir cómo quieren ir vestidos», apunta José Antonio Peñalta, de la tienda Penhalta. Destaca la variedad de tejidos, colores y tendencias que hay ahora y cree que la secularización y la caída de la natalidad (está a niveles de 1999 en la Comunitat) se esconden detrás de que haya menos comuniones.

«No están en su mejor momento, cierto, pero hay comuniones. Las ventas aguantan. Es una tradición que se mantiene», añade Olegario Fayos, al frente de Olegario, uno de los comercios emblemáticos del cap i casal. A su juicio, el hecho de que haya menos nacimientos influye más que el hecho de que haya menos católicos.

En Don Félix, otra tienda especializada en trajes de novio, hace tres años incorporaron los trajes de comunión para niños. «Vimos que había una oportunidad de negocio», comenta Douglas, su responsable.

Precisamente a esta parte de la celebración se dirigen las recomendaciones de la Unión de Consumidores (UCE) de Valencia, que considera fundamental la elaboración de un presupuesto y no recurrir a créditos para la celebración. «Se ha convertido en un evento social perdiendo su carácter religioso. Hay que concienciar a los padres de que es un sacramento y de que deben aplicar el sentido común para no caer en el consumismo», advierte su secretario, Vicente Inglada.

Ese aspecto es el que resaltan desdel Arzobispado de Valencia. El delegado diocesano de Liturgia, Edgar Esteve, recuerda que es el sacramento por el que los niños participan por primera vez en la eucaristía. «Es su segundo paso para la iniciación cristiana y así hay que valorarlo», dice. «Es una fiesta pero no debemos perder su esencia, su carácter familiar», resalta. Y recuerda que el rito en sí no conlleva ningún coste; la celebración externa ya es otra cosa. «Aún así, nosotros recomendamos sobriedad y prudencia en la celebración», añade Esteve.

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