La brecha salarial se agranda y tardará más de un siglo en cerrarse

La Ley de Igualdad de 2007 no ha logrado equiparar los sueldos de hombres y mujeres y España sigue a la cola del mundo

LUCÍA PALACIOS

«Si mostramos emoción, nos llaman dramáticas. Si queremos jugar contra hombres, estamos locas. Y si soñamos con la igualdad de oportunidades, estamos delirando....». La voz de la tenista estadounidense Serena Williams se alzó con fuerza durante la pasada ceremonia de entrega de los Oscar para denunciar la desigualdad que se vive en el deporte. Se trataba de la emisión del último spot publicitario de la marca deportiva Nike, un alegato feminista que -en vísperas de la conmemoración el próximo 8 de marzo del Día Internacional de la Mujer- nos lleva a reflexionar sobre el hecho de que se pueda llamar «loca» a una mujer que corre un maratón, que boxea, que entrena en la NBA, a una ganadora de 23 Grand Slams que abandona la competición para tener un bebé y después vuelve.

«Si quieren llamarte loca, adelante. Enseñémosles lo que podemos hacer las locas», concluye el aplaudido anuncio, que elogia que gracias a los «sueños más locos» (como reza el título) que han tenido estas mujeres se ha conseguido avanzar un poco en la consolidación de los deportes femeninos, aunque queda aún mucho camino.

Este es, efectivamente, uno de los grandes escaparates de la desigualdad entre hombres y mujeres, pese a que en las últimas décadas se ha dado un gran salto adelante, también en España, como lo demuestra el hecho de que de las 17 medallas olímpicas conseguidas en los Juegos de Río de Janeiro, once fueron de mujeres.

España es uno de los países más retrasados en paridad salarial, según el Foro Económico de Davos

Sin embargo, la verdadera brecha de género procede, cómo no, de las diferentes retribuciones que tienen los deportes femeninos a los masculinos. El tenis ha sido el primero en dar un paso hacia la igualdad equiparando el premio del ganador en sus cuatro Grand Slams (Roland Garros, Wimbledon, Abierto de Estados Unidos y Abierto de Australia), pero en otros deportes como el golf, el ciclismo y el fútbol, las diferencias son escandalosas.

Así, en el golf, las diferencias económicas entre los ganadores de hombres y mujeres superan el millón de dólares (casi 880.000 euros), mientras que en el ciclismo las integrantes del equipo femenino de Movistar -por ejemplo- ganan menos de una tercera parte que el equipo masculino. Y esto en el fútbol se multiplica a la enésima potencia: la diferencia del premio que otorga la federación al campeón de liga femenino (1.352 euros) y el que recibe el masculino por el reparto televisivo (20 millones) es cuando menos sonrojante.

Tampoco es de extrañar, por tanto, que para poner fin a esta desigualdad todavía se necesitarán más de un siglo de historia, concretamente 108 años, según un informe presentado recientemente en el Foro Económico Mundial de Davos.

España es uno de los alumnos más retrasados del mundo en la asignatura pendiente de paridad salarial, hasta el punto de que en este indicador se posiciona en el lugar 129 de los 149 países analizados, según resalta dicho estudio. Y es que en la última década, la brecha salarial entre hombres y mujeres, lejos de disminuir, ha aumentado, pese a que en 2007 se aprobó la primera ley para la igualdad efectiva, que buscaba eliminar cualquier tipo de discriminación hacia la mujer.

Sin embargo, muchas de sus medidas han caído en saco roto y hasta el Gobierno admite que se han obtenido resultados «discretos cuando no insignificantes». En el Consejo de Ministros del viernes se dio luz verde a otra batería de propuestas, como la de hacer públicos los salarios medios de cualquier empresa desagregados por sexo.

En este sentido, las mujeres en España cobran de media casi 5.800 euros menos al año que los hombres, según el informe presentado recientemente por UGT. Esto significa que la brecha entre ellas y ellos se sitúa en el 22,35%, con datos de la Encuesta de Estructura Salarial que elabora el INE.

La brecha más alta se produjo en 2013, cuando escaló hasta el 24% tras cinco años al alza. Desde entonces ha descendido en los últimos tres años, aunque no suficiente para marcar un nuevo suelo. A día de hoy, «ellas necesitan trabajar diez años más que los hombres para alcanzar las mismas retribuciones», se lamenta Cristina Antoñanzas, vicesecretaria general de UGT.

El límite marcado por el Gobierno en esta nueva ley es no superar el 25%; si esto ocurre en alguna empresa, se considerará que hay discriminación y la empresa tendrá que justificarlo. Pero la media de muchos sectores supera este porcentaje, como en la banca y los seguros, el comercio, las actividades inmobiliarias y administrativas, la sanidad y servicios sociales, entre otros.

Por debajo de la UE

Pero no todo son malas noticias, España ha avanzado de manera considerable en la igualdad de género desde el punto de vista de acceso a la educación y a la salud, ocupando el primer lugar en paridad de género por matrículas desde la educación primaria hasta la universitaria, según resalta el mencionado informe del Foro de Davos.

La tasa de participación femenina en el mercado laboral es once puntos porcentuales más baja que la masculina, aunque una década atrás era casi el doble: 17,4% de brecha en 2008, según los datos extraídos de la última Encuesta de Población Activa (EPA). A día de hoy todavía hay más de 1,7 millones de hombres trabajando que mujeres.

Pese a que la tasa de empleo femenino ha escalado casi seis puntos desde 2013 hasta situarse en el 59,6% en 2017, España también sigue a la cola de Europa en esta variable y muy lejos de los niveles de empleo entre mujeres que hay en Suecia (79,8%) o Alemania (75,2%).