Diversión sin red para 90.000 valencianos

Cerveza. Suciedad tras el botellón. / Signes
Cerveza. Suciedad tras el botellón. / Signes

90.000 jóvenes valencianos se dan atracones de alcohol mientras la marihuana sintética suma esclavos de la droga

JUAN ANTONIO MARRAHÍ y IVÁN GÓMEZ

Los pueblos se blindan de policía tras disturbios y peleas en fiestas locales. Vecinos de Valencia claman contra el botellón. Y en medio de este panorama, un crimen: un hombre con problemas con el alcohol acaba con la vida de su hijo toxicómano en Paterna. Las drogas, en especial alcohol y la marihuana, fluyen lentamente desde la adolescencia. Son como un río azaroso pero constante que acaba formando cascadas: una batalla campal que silencia discomóviles, una madre angustiada con un hijo 'zombie' o arrojando vidas a la basura que acaban bajo un puente, en la cárcel o en el cementerio.

«Beber se ha bebido siempre y un 'porrete' tampoco hace nada», opinan algunos. Pero hay señales de alarma apuntadas por expertos y encuestas que invitan a la reflexión. En especial dos: la baja percepción del riesgo de las borracheras y el consumo de marihuana en jóvenes.

Ayer concluyó la multitudinaria fiesta de disfraces de Rafelbunyol. Según fuentes municipales, se detectó «un aumento de menores con problemas de alcohol y drogas». De las 20 atenciones médicas urgentes, la mayoría lo fueron por intoxicaciones etílicas. Además, según agentes de la Guardia Civil, el alcohol está, en buena medida, detrás de los recientes altercados en las fiestas locales de Picanya, Albal o Quart de Poblet.

La mitad de jóvenes no ve peligro en el alcohol pese a ser la droga que más adictos genera

¿Cuánto y cómo se consume el alcohol o la marihuana entre la juventud? Los datos más recientes son de 2016 y corresponden a la última encuesta sobre uso de drogas en enseñanzas secundarias en España que periódicamente realiza el Ministerio de Sanidad.

De la copa a la cogorza

Según el estudio, ocho de cada diez jóvenes de la Comunitat de entre 14 y 18 años lo ha tomado ya alguna vez. Siete de cada diez, en el último mes. Subimos un grado el nivel de riesgo y nos centramos en las intoxicaciones etílicas agudas. Un 23% de la población juvenil de la región ya ha experimentado las cogorzas serias. Aplicado a la población en esta franja de edad, son más de 56.000 jóvenes.

Carlos, de 21 años: «Conozco mis límites, pero tiendo a sobrepasarlos»

El problema mayor es el denominado 'binge drinking' o atracón de alcohol: beber mucho en poco tiempo en salidas nocturnas, habitualmente con botellón. Esta práctica la habían realizado, en el último mes, un tercio de los jóvenes encuestados. En concreto, un 37% en la Comunitat. Es uno de los porcentajes más elevados de España junto con La Rioja, Aragón y Castilla-La Mancha y está por encima de la media nacional. Al redondeo, son 90.000 los jóvenes de nuestra región aficionados al atracón alcohólico en fiestas o fines de semana.

A pesar de las advertencias sanitarias sobre la importancia de beber con moderación o, mejor aún, no hacerlo, la costumbre del atracón apenas ha descendido un punto en España en los últimos cuatro años. Pese a ser la droga que más nuevos adictos deja cada año en la Comunitat, la mitad de los jóvenes no la considera peligrosa. Quizá nadie les ha contado que cada año genera casi 4.000 nuevos adictos en la región, según Sanidad. Y esos son sólo los que asumen su problema y buscan tratamiento médico. Hay otra bolsa invisible en las calles. Es la sustancia que más adicciones genera.

Carlos tiene 21 años y reside en Valencia. «Al principio me inflaba a cervezas en los bares de Aragón y Blasco Ibáñez. Íbamos a lo más barato y nos pillábamos unas buenas». Empezó a tontear con la marihuana en segundo de Bachillerato «y ahora compro semanalmente. Le he cogido el gusto. He sufrido tres 'amarillos' y es una sensación jodida si también has bebido», admite. Dice no sentirse adicto, pero afirma que el alcohol lo consume diariamente, «aunque sea una caña», y «más de una noche me he pimplado sólo con una botella de ron y algún que otro cubata». En cuanto al cannabis, «si saco a pasear al perro, me hago un 'porrete'. Me deshinibe de mis mierdas y duermo como un tronco».

El joven ya ha pagado varios excesos. «Conozco mis límites, pero tiendo a sobrepasarlos», reflexiona. «Me han tenido que arrastrar a casa, sujetar la cabeza en el lavabo e incluso llamar a mis padres para que se hicieran cargo de mí», recuerda.

La fiebre del cannabis

¿Qué esta sucediendo con el cannabis? La encuesta estatal revela que casi un 40% de los jóvenes valencianos ya han tonteado con la droga y un 21% la toma al menos una vez al mes. Eso son más de 50.000 estudiantes. En general, se trata de una sustancia que va a más como generadora de adicciones, según los datos de 2018 de la Conselleria de Sanidad. Fueron casi 1.800 los nuevos enganchados a la marihuana que pidieron ayuda el año pasado al sistema sanitario. De ellos, 500 ni siquiera había alcanzado la mayoría de edad y hubo más de 800 en la franja comprendida entre los 18 y los 34 años. El cannabis es, con diferencia, la droga que más adictos genera entre los menores y las toxicomanías en esta etapa se dispararon un 13% el año pasado, según revelan los datos del departamento autonómico.

El 'pescao' convirtió a mi hijo en adicto con 17 años. Tuve que echarlo de casa. O lo mataba o me mataba»

El rostro de Alma (pseoudónimo para proteger su intimidad) revela horas sin dormir, muchas lágrimas derramadas y una terrible intranquilidad. Es madre de un joven de 18 años que, en poco tiempo, ha acabado enganchado a la marihuana sintética. «El 'pescao' (nombre coloquial de la sustancia) convirtió a mi hijo en adicto a los 17 y en muy pocos meses. Lo toman los chavales desde los 13, no se detecta en las pruebas, es más barata que el botellón y el negocio es redondo, pues terminan vendiéndola los propios enganchados para conseguir dinero para su consumo».

Ha movido cielo y tierra para sacar a su hijo del pozo y ha dirigido un escrito a la Conselleria de Sanidad, un duro SOS en el que urge un ingreso para su desintoxicación. «Hay una larga lista de espera en el Arnau de Vilanova y ahora, después de mucho padecer y fracasar, él está dispuesto. Quiere dar el paso, pero sólo no puede», apremia. «Hoy lo tengo en casa. Mañana ya no sé dónde puede estar y temo que se pierda para siempre».

Ese chico no procede de un barrio marginal o familia desestructurada. Es hijo único de una abogada y un comerciante, ha recibido una buena educación. Y mucho cariño. «De niño fue diagnosticado con trastorno de déficit de atención e inició un tratamiento con metaanfetaminas, pero no mejoró», recuerda la madre. «Tuvo dificultades en el cole, inapetencia, falta de sueño...». Otras opiniones médicas descartaron el trastorno, sus padres decidieron quitar la medicación «y hubo un periodo de cierta normalidad entre los 11 y los 16 años». Remontar el vuelo a nivel académico fue imposible. Inició FP «y creemos que en esa etapa comenzó su caída en la droga».

Todo sucedió rápido. «Empezaron los 'porretes' en el pueblo y la coincidencia con otros chavales con fracaso escolar hizo que se juntara con muy mala gente, entre ellos su primer camello». Así fue su entrada en la marihuana sintética y, con ella, el infierno en casa. «Cambió de raíz. Le empezó a ir mal en FP, llegó la dejadez, la chulería, las burlas a sus profesores, la actitud desafiante... Y eso que había sido un niño cariñoso y alegre».

Alma intuyó que su hijo manejaba dinero sin trabajar y salía demasiadas noches... «Las cosas fueron a peor». Hasta que confesó. «Aceptó a medias que estaba enganchado». En octubre del año pasado llegó su primera visita a la Unidad de Conductas Adictivas y empezó tratamiento. Pero el 'pescao' era mucho más fuerte que su voluntad o los fármacos que le aconsejaban.

La droga derivó en violencia hacia sus padres. «Nos robó tres móviles en tres meses. Amenazó con matar a nuestra perrita y a mi marido, con un cuchillo, llegaron las vistas de la policía a casa...». Y la decisión más dolorosa de Alma: «Al final lo tuve que tirar de casa. O lo mataba o me mataba». A su memoria regresa el día en que tuvo que lanzarle comida por la ventana para garantizar su propia seguridad.

En junio llegó la esperanza con un ingreso en la unidad de desintoxicación del Arnau de Vilanova, «pero le dieron un alta disciplinaria por tomarse un medicamento que se llevó escondido». Para Alma, «esto resulta incomprensible porque un adicto es un adicto, la desobediencia está en su naturaleza y los profesionales deberían contar con ello».

Tras un verano angustioso y más intentos infructuosos por salir del agujero en centros de deshabituación, el joven se presentó de nuevo casa. Fue la semana pasada. Sostenía una carta. «Papá. Mamá. Lo primero de todo es pediros perdón por todos estos años que os he dado», arranca el escrito de tres hojas en el que pide auxilio. En casa le han puesto tres normas: «No te drogues aquí. No traigas drogas aquí. No nos robes». Pero Alma teme que si no le admiten cuanto antes para un ingreso de desintoxicación, la maldita droga convierta a su hijo para siempre «en delincuente, 'sin techo' o lo deje muerto en un callejón».

Este verano, la Fundación A. Miguel Roca- Proyecto Hombre alzó la voz de alarma sobre la marihuana sintética. Así lo expuso Miguel Rubio, psicólogo y técnico del área de prevención: «Es entre 20 y 100 veces más potente que la marihuana profesional y se está extendiendo como la pólvora».

Uno de cada tres jóvenes atendidos por la institución ya padece la adicción a una droga que, conocida como 'hardcore' o 'pescao' por su desagradable olor, resulta indetectable. Su consumo no se refleja en las pruebas de orina, lo que la hace más atractiva para quienes quieren ocultar que la toman. Lo que resulta ineludible son sus efectos: delirios, ansiedad, un fuerte 'mono' o taquicardias.