El arrepentimiento empieza a hacer mella en los presos yihadistas

A. CH. VALENCIA.

Hasta ahora los presos yihadistas eran auténticas rocas de granito en sus convicciones, incapaces de sentir culpa por sus atentados o crímenes, respaldados por su religión. «Pero ya empiezan a sentir arrepentimiento, ya...», detalló en la jornada Carlos Javier Lanza, integrante de la Dirección General de Ejecución Penal y Reinserción Social de Instituciones Penitenciarias. En su ponencia sobra la radicalización entre los reclusos detalló como el arrepentimiento era más común entre los etarras tras acabar entre rejas, pero no se había dado hasta ahora en internos del Daesh. «El tiempo pasa muy despacio en primer grado...».

Lanza indicó en el salón de actos de la Católica cómo desde 2014 existe un programa de prevención de la radicalización en prisiones que aplican los funcionarios para evitar más casos yihadistas. «Hay ocasiones en que los síntomas externos delatan enseguida el proceso. Yo he visto reclusos que se tenían que lavar con sólo tocar a otro interno», detalló el integrante de Instituciones Penitenciarias.

Se trata de 'prácticas de purificación después del contacto con infieles', uno de los síntomas en los que se fijan los funcionarios entre rejas para detectar procesos de radicalización. Otras señales de 'alarma' surgen cuando un interno empieza a rechazar comida porque «es impura», emplean alarmas en el reloj para no perderse ni una hora del rezo o se enfrentan continuamente a mujeres funcionarias. «Los internos están siempre mostrando la cara que quieren que veamos, pero como su vida pasa ante nuestros ojos, no pueden evitarlo y acaban mostrando su cara real».

 

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