À Punt no cubre la llegada del Aquarius. ¿Qué ha pasado con la tele pública?

La cadena no aprovecha la trascendencia informativa del acontecimiento y dedica la mañana del domingo a repetir programas enlatados

À Punt no cubre la llegada del Aquarius. ¿Qué ha pasado con la tele pública?
Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDAValencia

Ha pasado una semana desde que la nueva televisión pública valenciana iniciase sus emisiones. Llegaba a las pantallas À Punt, que venía a ocupar el hueco dejado por Canal 9, cerrada de manera abrupta en noviembre de 2013. Siete días son pocos como para realizar un balance equilibrado y justo pero suficientes para observar algunas tendencias y apuntar los primeros aciertos y errores de la programación. La nueva emisora ha nacido en un tiempo en el que todo sucede muy deprisa, se queman etapas a un ritmo vertiginoso y las redes sociales convierten en juez a cualquiera, para bien y para mal. Nos puede gustar más o menos, pero es lo que hay, y À Punt debe ser consciente del escenario en que se mueve.

También se ha estrenado en un momento de convulsión informativa y con Valencia en el punto de mira del mundo, por la llegada del barco Aquarius. Esta circunstancia podría haberse aprovechado como espaldarazo para la cadena, como referente sobre las que serán sus prioridades, como prueba de que por qué es necesaria una televisión pública en la Comunitat Valenciana. Pero no ha sido así. À Punt ha perdido ese barco, una oportunidad para reivindicarse y hacerse fuerte. En el acontecimiento más relevante sucedido en Valencia en años, el desembarco de 629 inmigrantes llegados en una flotilla que ha puesto en jaque la política y las conciencias en Europa, la cadena pública se hizo a un lado, se mantuvo invisible. No existió. Todos los medios valencianos y el resto de nacionales se han volcado en ofrecer una amplia cobertura durante el domingo sobre todo lo que ha ido sucediendo en el Puerto de Valencia. Y no solo eso, corresponsales de todo el mundo se han desplazado para narrar en directo el suceso. Y À Punt, mientras tanto, se ha dedicado a encadenar programas repetidos (espacios de humor, de magia, concursos, espacios de cocina…) durante toda la mañana. «Es necesaria una televisión pública para contar lo nuestro, lo que no aparece en otros medios», nos habían dicho. «Tenim molt a contar», reza la campaña con la que se ha puesto en marcha el proyecto. Pero la realidad es que la sensación en los primeros días, y sobre todo hoy domingo, es la contraria.

¿Por qué sucedió esto? ¿Es que a la nueva televisión pública no le interesa cubrir este hecho histórico? ¿Tiene algún motivo para ocultar algo así? Claro que no. En este caso no caben teorías conspiranoicas (creo y espero). La realidad es que À Punt no cuenta todavía con medios técnicos suficientes como para realizar un especial informativo en condiciones como exigía esta ocasión. Es cierto que el presupuesto es muy ajustado y que para llevar a cabo este tipo de coberturas se necesita una redacción mejor dotada. Pero no puede servir de disculpa, porque eso la mayoría de valencianos no tienen por qué conocerlo. Ellos saben (los que se hayan enterado) que la tele pública valenciana ha reabierto. Y suponen que si se ha reabierto ya es porque está preparada para cumplir su función y sus objetivos. Y si no habría que haber esperado a estar lo suficientemente preparados como para dar la talla en una situación informativa como la de hoy. A veces es mejor esperar y hacer las cosas bien (aunque tengas presiones y te cueste críticas) que precipitarse y que el trabajo de muchos quede cuestionado o ensombrecido por una decisión política.

No obstante aunque la realidad es que À Punt es una televisión todavía entre alfileres se podría haber optado hoy por soluciones de urgencia. Hasta el Puerto se han desplazado reporteros de la cadena, ¿no era posible realizar a lo largo de la mañana conexiones en directo con alguno de ellos y no esperar hasta el informativo para conocer los sucesos? Y luego está la página web, sin explotar ninguna de las posibilidades que ofrece. Una televisión del siglo XXI debe estar preparada para servir de ventana en todas sus plataformas y para aprovecharse de ellas. A través de su edición digital podría haberse planteado un directo de manera más económica, aunque fuese a través de las herramientas de Facebook. Pero no se ha hecho. Inmovilismo absoluto.

Y es una pena porque de este modo À Punt sienta un mal precedente y deja escapar una gran ocasión. Y tira por tierra el esfuerzo de muchos trabajadores que se han embarcado en esta andadura.

La falta de rapidez y la desconexión con la actualidad informativa, no obstante, ya se ha percibido durante los primeros días de emisión. El mismo primer día, por la mañana se daba a conocer la sentencia de Gürtel, que implicaba a políticos valencianos. En el magacín matinal había terminado la mesa informativa y les pilló volcados en otros contenidos (salud, fiestas, tradiciones…).

Conectaron con la redacción de informativos, es cierto, para realizar un pequeño avance pero supo a poco. Una tele nacida en 2018 debe contar con una capacidad de reacción mayor. Otro ejemplo: el pasado jueves la vicepresidenta de España, Carmen Calvo, informaba en directo sobre el dispositivo que se llevaría a cabo para acoger la flotilla. Y mientras tanto en la programa matinal de À Punt actuaban Emilio Solo y los rockeros y departían después con la presentadora. No era el momento.

Tal vez el problema sea haber concebido unos magacines diarios con la estructura con que se hacían en los años 90, cuando hoy en día la actualidad y los ritmos informativos demandan otro tipo de formato. Pero para realizar un balance más exhaustivo sobre estos espacios y sobre el resto de la parrilla (en la programación –enlatada- de noche sí que hay auténticos hallazgos y buenas sorpresas) hay que esperar un poco más.

Desgraciadamente la noticia hoy es que À Punt ha estado de espaldas a la actualidad, a la realidad de los valencianos, al leitmotiv para el que fue concebida y debe perseguir. No estarían de más algunas explicaciones sobre esto.

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