«A mi abuelo le salvaron dos veces»

Paco Sanz Martínez, vecino de Burjassot que asegura ser el descendiente del fusilado. / j. monzo
Paco Sanz Martínez, vecino de Burjassot que asegura ser el descendiente del fusilado. / j. monzo

Tras el primer hallazgo de postales en la fosa 127 de Paterna localizan a los familiares del valenciano que allí yacía casi 80 años después de lo ocurrido

MAR GUADALAJARAVALENCIA.

El hijo de Francisco Sanz Herráez ya no podrá leer las cartas que su madre escribió a su padre y que este guardó consigo en el bolsillo interior izquierdo del pesado abrigo que vestía el día que se enfrentó a los fusiles. A sus 85 años, ciego y sin poder valerse por sí mismo, a penas ha sido consciente de la noticia. Emocionado lo explica un vecino de Burjassot que afirma ser el descendiente y heredero de las cartas manuscritas de valor personal «incalculable». Paco Sanz Martínez, asegura que las postales halladas el pasado miércoles en la fosa 127 de Paterna son de su abuelo.

«Mi padre contaba que el abuelo le había explicado cómo funcionaban: iban con furgones y a la persona que contaba cinco, la cargaban en el furgón. Lo hacían de forma aleatoria», relata Sanz. Pero según su versión, puede que su antecesor fuera perseguido. «Le cogieron dos veces, pero se salvó gracias a un familiar: un teniente de Caballería de Madrid era quien ordenaba que lo soltaran cuando le informaban por teléfono de que estaba detenido», comenta. Se libró de la muerte hasta en dos ocasiones, pero desoyó los consejos de quien quería advertirle. «Este mismo familiar fue quien le advirtió: 'vete a Francia'; se lo dijo en varias ocasiones, pero mi abuelo siempre, confiado, creía que no le pasaría nada», añade.

El de Burjassot advierte: no recuerda los detalles, «todo lo que guardo es por la historia de mi padre, es lo que me queda gracias a todo lo que me fue contando en su día». Aunque algunas escenas se han quedado grabadas en su mente pese a no haberlas visto con sus propios ojos, pero sí a través de los de su padre. «Él me contó lo que ocurrió ese día, el día que cogieron a mi abuelo. Estaba su familia delante; mi abuela, él y mi tía presenciaron cómo le metían en el furgón. Mi padre me dijo que mi tía Nieves se puso muy nerviosa y que los dos pataleaban en medio de la calle. Después, una amiga de la familia les refugió en su casa por lo que pudiera pasar».

Su abuela falleció al poco tiempo después de conocer lo que le ocurrió a su marido;quien, esta vez, no pudo escapar y fue fusilado como tantos otros que sufrieron ese fatal desenlace en el Paredón de España, en Paterna, pero llevando en su pecho las cartas, halladas esta semana en la fosa y que son las únicas pertenencias que se han podido encontrar hasta el momento, gracias a las que se puede localizar a los descendientes y familiares de los fallecidos.

Algo que no puede confirmar Sanz Martínez, es si su abuelo estaba siendo perseguido y de ser así, por qué motivo irían tras él. Era zapatero en la pedanía valenciana de Benimàmet y Sanz comenta los rumores que le llegaron:«utilizaba los zapatos que hacía para esconder mensajes o información».

Asegura que su padre aún guarda una foto junto a él en un baúl familiar lleno de recuerdos, «pero no he podido localizarla aún», explica diciendo que «se vería como somos los tres iguales, como cromos», añade. Después de todo, su única intención es:«que se sepa lo que hicieron».

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