La juez acusa a 40 pandilleros de extender desde Ibi la Mara Salvatrucha por España

Miembros de la Mara Salvatrucha reunidos bajo sus siglas. :: reuters/
Miembros de la Mara Salvatrucha reunidos bajo sus siglas. :: reuters

El juzgado les imputa intentos de asesinato, narcotráfico, agresiones, blanqueo de capitales y posesión de armas

J. A. MARRAHÍ

valencia. Violencia extrema, palizas como ritos de iniciación, drogas, blanqueo, planes de asesinato, venganzas sangrientas, drogas... La delincuencia como modo de vida. Casi como una religión. Así operaba, según las investigaciones, la Mara Salvatrucha 13 desmantelada en Ibi en 2014. Pretendía convertirse en sucursal directa del temido grupo del mismo nombre que cada año deja cientos de cadáveres tatuados en calles o cárceles de El Salvador y madres llorando junto a sus tumbas.

Según informaron ayer fuentes del Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat, el juzgado de instrucción 1 de Ibi ha dictado auto de procesamiento para 40 personas por su pertenencia o relación con la organización criminal. La jueza considera que existen indicios de la comisión de «intento de asesinato, tráfico de drogas mediante organización delictiva, tenencia ilícita de armas, blanqueo de capitales, lesiones y amenazas».

Los investigadores consideran a 36 de ellos miembros activos o colaboradores directos de la banda latina. A los otros cuatro se les vincula únicamente con el tráfico de drogas. De las escuchas telefónicas y testimonios de testigos, se desprenden «indicios racionales de criminalidad», según describe el TSJCV.

Entre los procesados se encuentran los presuntos cabecillas de la agrupación, con tentáculos en Ibi, Madrid, Gerona y Barcelona. Tres de ellos, los que presuntamente lideraban desde Alicante, permanecen en prisión provisional.

Así describe la magistrada la banda investigada: «Organización criminal, de origen trasnacional, que forma parte de la Mara Salvatrucha, a nivel mundial, con conexiones en El Salvador, Guatemala, Estados Unidos y otros países, de marcado carácter violento y en la que sus miembros, la mayoría de origen latino, lo dan todo por la Mara, financiándose con las cuotas que satisfacen y con el dinero que reciben desde el extranjero para establecer negocios legales, así como mediante el tráfico de drogas».

Según la investigación, los encausados se habían organizado en 'clicas'. Así se conoce a las células de esta mara en puntos geográficos diferentes al núcleo central salvadoreño. La de Ibi fue bautizada como 'Big Crazy' y se cree que nació para aglutinar a los subgrupos gemelos en Madrid, Barcelona o Gerona, entre otras ciudades. La intención era crear el denominado 'Programa España', «a imagen y semejanza de la mara salvadoreña», y así extender por toda España su poder con normas dictadas directamente por los mandatarios del grupo en el país latino.

Palizas de 13 segundos

Los ritos de iniciación, en los que los candidatos demuestran su valor y lealtad a la mara sometiéndose a palizas que duran 13 segundos, no son leyenda urbana. La investigación concluye que existen indicios de la realización de estos rituales y otros castigos físicos.

Los canales de financiación del grupo eran amplios: supuestamente cobraban cuotas a los miembros que a veces asumían delinquiendo. Esta aportación iba a parar a la cuenta territorial bajo supervisión de un tesorero. Además, se ha comprobado que la dirección de la Mara Salvatrucha en El Salvador llegó a enviar 10.000 dólares para financiar las primeras actividades del grupo en España. Pretendían montar negocios legales en España para blanquear ganancias ilegales, ofrecer empleo a sus miembros y facilitar la llegada de nuevos mareros con contratos de trabajo. Planeaban, por ejemplo, montar un chiringuito de playa o un negocio de compra-venta de coches.

El grupo de Ibi creó supuestamente una red de tráfico de marihuana y cocaína «Los beneficios de la venta repercutían en la 'clica' y todos los miembros participaban de esta actividad», estima la jueza. Incluso crearon un programa para pasar droga a miembros en prisión aprovechando visitas carcelarias.

El crimen también estaba en su hoja de ruta. Los mareros de Ibi se enfrentaron con un grupo de rumanos por el control del territorio. Y, según las pruebas, varios de los procesados planearon matar a un integrante de la banda rival. También a un testigo que declaró contra miembros de la banda en España.

La Mara Salvatrucha 13 ponía armas a disposición de sus miembros. La 'clica' de Ibi tenía, al menos, dos pistolas. Una fue localizada por la Guardia Civil cuando los dos integrantes de la banda se disponían atentar contra el miembro del grupo contrario. Tras la detención, el jefe en Alicante informó a los de El Salvador de los problemas con los adversarios. Y obtuvo permiso para matar a cualquier oponente.

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