El maratón de las 55.000 palomas mensajeras

El maratón de las 55.000 palomas mensajeras

La aves de competición usan su instinto para recorrer 730 kilómetros sin perderse durante el vuelo de regreso a sus palomares de Portugal

J. A. MARRAHÍvalencia

«¿Qué extraño lugar es este?». Cuando sus jaulas se abrieron se sintieron desconcertadas. Estaban en Albuixech, a 730 kilómetros de sus hogares, los palomares portugueses. La duda inicial dio paso a un estruendoso batir de alas. Juntas, durante cuatro minutos, las 55.000 palomas mensajeras alzaron el vuelo. Primero fueron un remolino, casi un chorro movido por alas. La gran nube de aves se elevó majestuosamente. Un caótico eclipse en pleno amanecer. Ya en lo alto, su instinto de palomas mensajeras funcionó como brújula. Hora de volver a casa. Rumbo a Portugal.

Así se inició ayer el Campeonato Nacional de Portugal, el gran maratón de las mensajeras. Es una espectacular prueba colombófila que, por segundo año consecutivo, convierte Albuixech en su punto de salida. «Mire, yo tengo 75 años, crío mensajeras desde los 19 y sigo sintiendo la misma emoción, ese escalofrío cuando las veo salir hacia el cielo... Muchas se perderán, pero más de la mitad acabará encontrando el camino de vuelta», relata Edelmiro García, presidente de la Federación Colombófila Valenciana.

Para ellos culminó ayer una semana de locura con la organización y apoyo a sus colegas lusos. «En Portugal las palomas son una fiebre. Se anillan 6 millones al año y es la afición más importante después del fútbol», explica el veterano colombófilo valenciano.

La elección de Albuixech no es aleatoria. La localidad de l'Horta Nord es el centro en una imaginaria circunferencia cuya curvatura izquierda barrería de norte a sur Portugal. Su radio es de 730 kilómetros. Geográficamente, «es el lugar perfecto para iniciar la prueba con la máxima equidad» para los participantes. Y es que no basta con que las palomas lleguen al país vecino. Deben aterrizar en su mismísimo palomar. «No hay trampa posible. Llevan todas un chip asociado a un dispositivo de seguimiento que está en su casa. Si llegan, se para el crono. Si no, sigue contando», detallan los organizadores de la prueba.

Del camión a las alturas

La travesía es de ida y vuelta. El viaje hasta Albuixech es por tierra y a ciegas, en camiones trailers provistos de palomares. Los apasionados colombófilos portugueses inscriben a sus mejores aves en la prueba (un máximo de 20 por participante). Algunas son palomas entrenadas durante años. Cuando se despiden de ellas en Portugal, sus dueños ya no saben si volverán a verlas. Ayer, cientos de aficionados se asomaban ya con prismáticos a terrados y azoteas de Portugal, confiados en que sus pequeñas campeonas encuentren el camino.

A las 7.30 horas, 11 camiones se dispusieron en fila en Albuixech. En el exterior, hermanados, 60 colombófilos de la organización lusa y otros 200 valencianos contuvieron la respiración. Se hizo el silencio. Un contundente bocinazo abrió el telón alado y comenzó el espectáculo.

No gana la primera en llegar, pues sus palomares no están exactamente a la misma distancia. Se registra el espacio recorrido por cada una de las que alcanzan la 'meta' y su hora de llegada. Así se obtiene la velocidad media. La de ayer sólo es la primera parte de la prueba. Muchas regresarán a Albuixech el próximo 19 de junio para cubrir de nuevo el trayecto. El coeficiente con los dos resultados de las dos jornadas decidirá cuál se lleva la gloria.

¿Cómo se explica la singular orientación de las mensajeras? Lo aclara Francisco Javier Aznar, profesor del Departamento de Zoología y el Instituto Cavanilles de Biodiversidad de la Universitat de València. «Esta variedad doméstica ha sido seleccionada por los humanos desde hace más de 4.000 años por su capacidad de retornar desde largas distancias», describe el experto. «Hay registros de palomas mensajeras que han sido capaces de encontrar su palomar tras volar 1.800 kilómetros».

Para volver desde lugares desconocidos «necesitan saber en qué dirección comenzar a volar, mantenerla, superar obstáculos como montañas o vientos fuertes y reconocer el lugar exacto de partida». Tras décadas de investigación y debate «parece claro que se valen de gran cantidad de estímulos, como la lejanía del lugar de suelta o las condiciones meteorológicas».

El sol es una pista en los primeros momentos de su odisea tras la suelta. «Deben tener algún reloj interno que les indica la hora». Pero aún hay algo más sorprendente. «El campo magnético terrestre, en especial su gradiente de intensidad, también es fundamental en la orientación inicial y en la dirección que sigue». Se sabe porque «pueden orientarse en días nublados y porque se confunden en lugares con anomalías magnéticas».

Pero ¿cómo captan el magnetismo? «A través de pequeños cristales de magnetita en el pico que estimulan sus terminaciones nerviosas adyacentes con respecto al campo magnético terrestre». Los científicos creen que poseen «un mapa geomagnético innato que les permite recordar las peculiaridades magnéticas del lugar donde se ubica el palomar».

Por si fuera poco, gozan de una envidiable «memoria olorosa y visual que les resulta útil tanto en lugares de suelta cercanos como para el reconocimiento del punto exacto del que partieron».

Héroes del cielo

Las mensajeras son sólo un ejemplo del preciso sistema de navegación que poseen las aves de forma ancestral. Permite, por ejemplo, la espectacular gesta de los charranes árticos. «Crían en verano en las regiones del polo y migran después hacia el Antártico, un viaje de ida y vuelta de más de 70.000 kilómetros», detalla Aznar.

Las adaptaciones fisiológicas de las aves van más allá del sistema de navegación, «pues también deben soportar el excepcional esfuerzo y consumo de energía» asociado a los larguísimos vuelos. La campeona de resistencia sin paradas es la aguja colipinta. Es capaz de cubrir la distancia entre Nueva Zelanda y el Mar Amarillo en China. Son 10.000 kilómetros sin parar de volar durante una semana.