Los padres que sufren la violencia de sus hijos no se atreven a denunciarlos

Los padres que sufren la violencia de sus hijos no se atreven a denunciarlos

Los expertos alertan de un incremento de las agresiones, humillaciones e insultos filio-parentales

A. QUEVEDOvalencia

Agresiones, humillaciones, insultos, rotura de objetos o violencia física. Sus víctimas, sus propios padres. Es lo que han hecho los menores que cumplen su condena en la centros de menores de la Comunitat. «La violencia filio-parental es un tabú en muchas familias. Lo sufren, pero no se atreven a decirlo». Así lo cree Mª José Ridaura, directora del Centro de Menores Cabanyal, y que la pasada semana participó en unas jornadas en Logroño para exponer el modelo de intervención de su institución.

Los delitos filio-parentales son «el segundo más frecuente entre los menores», afirma Ridaura. Tanto es así que la psicóloga clínica alerta del aumento de estos delitos: «hace una década en la Comunitat sólo estaba en marcha el centro Colonia de Sant Vicent Ferrer dónde se atendieron 4 casos, a día de hoy hay dos centros específicos y otros dos grupos de convivencia», explica. En total, 40 plazas para acoger a los jóvenes con medidas judiciales.

Un alto porcentaje de los infractores son consumidores de cannabis. «Casi el 90% consume este tipo de droga, sin embargo no es la razón del maltrato sino que agreden o insultan a sus progenitores para conseguir lo que quieren, aunque al consumir se desinhiben», explica.

Medida judicial

Aterradoras son las cifras más vigentes que recoge la Fiscalía de la Comunitat en cuánto a infracciones por violencia doméstica en menores. Las más recientes corresponden a 2013 y ascendieron a 849. «La mayoría corresponden a violencia filio-parental», señala Ridaura. Y así es. Según las cifras que dispone Bienestar Social, el 27,5% de los menores internados con medida judicial fueron por violencia filio-parental. Durante el pasado año, 690 menores cumplieron su condena en diferentes centros de reeducación y se atendieron cerca de 2.000 menores con medidas de reeducación judicial.

La experiencia de MªJosé Ridaura, que lleva tres años dedicada a la violencia filio-parental y más de una década trabajando con menores, señala que uno de cada siete chavales que han pasado por el Cabanyal «han vuelto a ingresar en el centro» una vez ya cumplida su condena. Así como que cada vez se están dando más casos en los que «también han agredido a sus parejas». El acoso escolar y los trastornos compulsivos son otra de las consecuencias previas al maltrato familiar. «Las agresiones a padres tienen una correlación con trastornos compulsivos o con el bullying», recalca María José Ridaura.

 

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