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Miércoles, 22 octubre 2014
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Patrimonio arquitectónico en vías de extinción

Alicante

Patrimonio arquitectónico en vías de extinción

Los vecinos de las partidas rurales exigen que el PGOU declare como Bienes Protegidos 40 inmuebles y restos paleontológicos repartidos por la pedanías

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Alejadas del casco urbano, las partidas rurales de Alicante son, sin duda, las grandes olvidadas de las administraciones tanto local como autonómica. Las deficiencias en infraestructuras, tanto viarias como de saneamiento o educativas, y de servicios como el transporte público, seguridad, recogida de basuras, de correos o de suministro eléctrico se convierten a diario en un problema. Algo que afecta a miles de ciudadanos que residen en estos núcleos de población diseminados en grandes extensiones de terreno rústico que han crecido en la última década hasta alcanzar los 8.000 habitantes, que se quejan del abandono en el que permanecen y que reclaman desde hace años soluciones al Ayuntamiento de Alicante.
Un claro ejemplo del olvido de las partidas rurales se aprecia especialmente en el patrimonio histórico. Un conjunto de inmuebles antiguos de gran valor patrimonial que como las casas de la huerta de Alicante conforman una red de elementos arquitectónicos y culturales que forman parte de la historia de las pedanías y que requieren de una mayor atención y de una decidida voluntad política por parte de la administración local de conservarlos para que no desaparezcan con el tiempo.
Para muchos de los residentes en las pedanías estos edificios también guardan un gran valor sentimental ya que han sido un referente en sus vidas y han formado parte de su entorno, por lo que reclaman medidas para conservarlos. Una atención que ha sido reclamada por plataformas ciudadanas que reivindican, como en el caso de la sierra y las lagunas de Fontcalent, la elaboración de un plan especial de protección que recoja los valores naturales, culturales, geológicos y paisajísticos de esta zona y en que respeta las edificaciones que son un referente para los habitantes de la pedanía.
Una propuesta que lleva consigo también la creación de un corredor que una Fontcalent con el Barranco de las Ovejas incluyendo el Saladar de La Serreta, la Vereda del Desierto y el Barranco del Infierno, por el que discurren las aguas procedentes de Fontcalent, y reivindica que cesen las agresiones que supone la actividad de las canteras que han eliminado una parte de la sierra y han modificado su perfil.
Los representantes de las asociaciones de vecinos de las partidas rurales han planteado al equipo redactor del nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) , dirigido por Jesús Quesada, la inclusión en el Catálogo de Bienes y Espacios Protegidos de al menos cuarenta inmuebles, especialmente de fincas rurales muchas de ellas centenarias. Entre ellas la Finca Don Jaime del Moralet ,o la Casa Lo Boligni en La Alcoraya. También de los restos paleontológicos y elementos etnológico que como el lavadero de la Canyada, actualmente en ruinas, o las huellas del Cretácico y del Jurásico descubiertas en la sierras Mediana y de Fontcalent, tiene un alto valor histórico y cultural.
Las iglesias y ermitas de las pedanías también se proponen protegerlas, si bien son estas construcciones las que presentan mejores condiciones de conservación.
Ermitas cuidadas
Algunas de ellas se han reconstruido y presentan un aspecto más cuidado, como la ermita del Moralet, consagrada a San Antonio y La Purísima, arreglada en 1980 durante el primer mandato del alcalde socialista José Luis Lassaletta, o la ermita de la Santísima Trinidad, de Verdegás, también arreglada durante el mandato del alcalde Luis Díaz Alperi.
También la ermita de San Jaime, en La Canyada, que data de 1770, ha sido reconstruida en dos ocasiones, una en 1939, tras ser dañada durante la guerra civil, y después en 1950.
Todas ellas de pequeñas dimensiones, presentan un aspecto muy cuidado, con paredes encaladas en las que, en ocasiones, resalta la firma en algún graffitero, y sobre las que destaca las espadañas con pequeñas campanas para llamar al culto a los fieles.
Sin embargo, otras, como la vieja ermita de San Jaime, del Moralet, que estuvo situada junto a la finca del mismo nombre, o la de Fontcalent, han desaparecido con el tiempo y apenas quedan los restos de escombros y piedras que dan fe de que antaño allí hubo un recinto religioso, o una casa de labranza que en tiempos de cosecha dio cobijo a un gran número de labradores, pero que ahora están a merced de las inclemencias y la voracidad del tiempo.
El abandono de los propietarios y la escasa atención prestada por la administración ha motivado que muchas otros construcciones, generalmente casas señoriales o elementos arquitectónicos de varios siglos, desaparezcan sin remisión.
Sólo quedan de ellos la huella de lo que fueron unas construcciones de recias paredes de mortero que deja entrever las piedras que las consolidaban y la amplitud de sus dependencias, hoy al aire libre, a la intemperie, como es el caso de la finca Lo Gabatx, o de Lo Navarelo, en Fontcalent, o la Casa de la Meca, en la Canyada del Fenollar. Pedanía esta última en la que se reproduce la situación de abandono y ruina y que se aprecia también en los restos del lavadero y la balsa de agua de grandes dimensiones situados en el camino que enlaza la carretera de la Alcoraya con la ermita de San Jaime hoy cubiertos de maleza, que trae a la memoria de los más viejos el recuerdo de la actividad que ejercieron durante muchos años las mujeres de la pedanía, que lavaban la ropa de familias adineradas de Alicante o San Vicente.
El tiempo y el cuidado de sus dueños se han comportado mejor con las casas de haciendas como La Coronela, en El Rebolledo, la finca Don Jaime o la Casa de la Sénia, en Moralet, representan una muestra de la arquitectura agrícola de la zona, que se va perdiendo en favor de las nuevas urbanizaciones de residentes que crecen cada vez más. Antiguas haciendas que conservan elementos como bodegas, almazaras o cisternas que bien merecen ser conservadas y ponerlas en valor. Un patrimonio que ha motivado que sean muchas las voces las que reclamen la creación de un museo etnográfico con el fin de preservar muchas de los elementos que han conformado la historia y la cultura de las partidas rurales de Alicante.
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LA ALCORAYA. El edificio de la finca Lo Boligni, del Siglo XVIII, se mantiene en un estado aceptable, a pesar del paso del tiempo, gracias al cuidado de su propietario. /REPORTAJE GRÁFICO DE ÁLEX DOMÍNGUEZ
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RUINAS. Antiguo lavadero en la Cañada del Fenollar.
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