Mercedes Alaya, la juez de los mil casos

Mercedes Alaya. /
Mercedes Alaya.

'Dama de hierro de la justicia', 'juez de moda' o la 'juez indomable' son algunos de los sobrenombres con los que se le ha bautizado desde que a finales de 2010 empezó a instruir un caso, el de los ERE

CECILIA CUERDOsevilla

Que su reboda haya sido noticia este año da cuenta del interés que despierta la juez sevillana Mercedes Alaya, convertida en los últimos tiempos en azote de la corrupción en Andalucía y una de las magistradas más conocidas del país. 'Dama de hierro de la justicia', 'juez de moda', hasta sus estilismos son objeto de comentarios, o la 'juez indomable' son algunos de los sobrenombres con los que se le ha bautizado desde que a finales de 2010 empezó a instruir un caso, el de los ERE fraudulentos pagados con dinero público. Un asunto que ha llevado hasta el Tribunal Supremo al otrora poderoso presidente autonómico Manuel Chaves y gran parte de su equipo de gobierno, incluido su sucesor José Antonio Griñán.

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Su llegada a los juzgados en un taxi casi con guardaespaldas y pegada a su enorme trolley con documentación a media mañana, no madruga, es escrupulosamente analizada cada día por cientos de ojos, intentando atisbar alguna pista sobre sus posibles actuaciones. Algunos curiosos incluso ironizan acerca de que cuando viste de rojo suele ordenar detenciones.

Ella sabe alimentar el halo de fascinación que ha merecido incluso un club de fans en Facebook. En el juzgado se muestran respetuosos con ella, aunque ni siquiera comparte las pausas para el café con sus compañeros. Con los medios de comunicación se muestra altiva y ninguno ha conseguido arrancarle unas palabras, más allá de algún buenas tardes o hasta luego dirigido sin apenas mirarles y después de varios años de silencio. Pero con los ciudadanos que la jalean por la calle cuando la reconocen se muestra tímida, y a duras penas acepta posar para los teléfonos móviles en alguna de sus escasas salidas. Se ve con los amigos de siempre alguna vez, pero la mayor parte del tiempo está en casa, con su familia o trabajando, trabaja mucho en casa, apunta gente muy cercana. Protege su vida personal de forma obsesiva, y apenas se sabe que nació hace 50 años, que fue madre con 20 del primero de sus cuatro hijos y que aprobó las oposiciones de juez a la primera.

"Cerebrito"

El celo profesional es otra de las marcas distintivas de Alaya, que se muestra convencida de que ningún otro juez será capaz de profundizar en la investigación como ella hace, con jornadas maratonianas que han llegado a acabar incluso a primera hora de la mañana tras una larga noche de interrogatorio, como ocurrió con el exconsejero andaluz de Empleo Antonio Fernández. De ahí sus roces con los jueces de refuerzo que se le han ido asignando para echarle una mano, a los que no deja meter mano en los sumarios y a los que solo encarga la rutina diaria del juzgado. Y no faltan abogados que ponen en duda que una sola persona, por muy eficaz y cerebrito, según sus compañeros de facultad, que sea pueda manejar sin errores o retrasos todas las causas que instruye.

Desde que en 2010 empezara a instruir un posible soborno a unos empresarios por parte de los directivos de la empresa Mercasevilla su trabajo ha dado un vuelco. De esa investigación, compleja y de la que se derivaron otros delitos societarios, surgió la macrocausa de los ERE, que suma ya 227 imputados y miles de folios de sumario y que el pasado septiembre llevó hasta el Tribunal Supremo a los todopoderosos presidentes andaluces Manuel Chaves y José Antonio Griñán. Pero su juzgado también investiga, desde 2008, la gestión de Manuel Ruiz de Lopera al frente del Real Betis Balompié, y más recientemente el supuesto fraude de los cursos de formación -que también pone en jaque a la consejería de Empleo de la Junta de Andalucía y algunos auguran tendrá mayor relevancia que el de los ERE¬- o incluso el pago de sobornos de una empresa de servicios medioambientales a funcionarios municipales, la conocida como operación Enredadera.

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