¿LO CONSEGUIRÉ?

CARLOS PAJUELO

Si me lo permiten voy a intentar poner en marcha un juego inocente que consiste en hablar de política sin hablar de política, para así contribuir al sí pero no y al qué pasaría si. Veamos. Primero la noticia.

Al parecer hay mucha resistencia activa y pasiva a dar los nombres de quienes acompañaron en el Helicóptero Súper Puma o en el reactor Falcón en diversos viajes del presidente del Gobierno. Bien.

Se ve que el sujeto se pasó de rosca y podría haber invitado a acompañarles a personas cerca de su familia. No quieren decirlo. Esto es notorio, pese a todo se sigue diciendo que es materia reservada.

Puede ser. A mí me da igual. No pasa nada. Lo sabremos. El respetable en cuanto puede escribe un libro, yo mismo por ejemplo. Pronto alguien cantará la gallina y sabremos. Ahí tenemos al piloto del viejo Hitler.

«Yo era el piloto de Hitler» un libro que se ha reeditado. El diario del teniente general Hans Baur, quien formó parte del círculo de confianza de Hitler, contiene una descripción de sus momentos finales, el 30 de abril de 1945, en un búnker subterráneo de Berlín.

También es cierto que ha tardado un poco en decirlo y eso que lo rusos le dieron estopa unos 20 años para que les contara más cosas de su pasajero diabólico. El piloto Baur se ha muerto de 91 tacos y tan fresco, bueno un decir.

«Una falconada». Un acto de vanidad habitual en quien ostenta un poco de poder por primera vez. A mí me gustaba hace años, presumir de comprar barato en las rebajas y escandalizar ojipláticamente diciendo que tal o cual jersey o chaqueta me había costa un nada. Y yo era feliz. Claro que yo no era el presidente y era mi dinero, mi vanidad y mis tonterías...pero se ve que nadie estamos libres de tirar la primera piedra o la segunda.

Hoy es el Súper Puma o el Falcón ¿Y mañana? Sí hubiera mañana. El otro día el Papa decía, entre otras cosas interesantes, que hay que respetar las tendencias. ¿Aquí también? Sea quien sea el vanidoso, hay que recordarle que el Estado es de todos, dicen.