Condenado a 12 años por violar a una mujer a la que acababa de contratar

El hombre aseguró a la víctima que no podría denunciarle por ser venezolana y no contar con la documentación en regla

EFEALICANTE.

Un hombre ha sido condenado a doce años de prisión por agredir sexualmente a una mujer venezolana que estaba tramitando su petición de asilo en España y a la que le había ofrecido trabajo. El agresor llegó a decir a la víctima que no podría denunciarle a causa de su situación irregular en el país.

Según la sentencia dictada por la Audiencia de Alicante, el procesado, de 52 años, había concertado una entrevista de trabajo con su víctima para contratarla en el bar que él pretendía abrir, en la calle San Pablo de la capital alicantina. El acusado ya había sido condenado por otros abusos sexuales en cuatro ocasiones anteriores, además de por varios delitos de robo con violencia, por los que ya había cumplido penas de hasta 7 años.

De acuerdo con la resolución judicial, los hechos sucedieron el 15 de abril de 2018 en el local en el que se ubicaría el bar del procesado, después de que la mujer respondiese a una oferta de trabajo que había encontrado en internet. Una vez allí, y tras una breve conversación, el ahora condenado aseguró a su víctima que iba a contratarla. Después acudieron a comprar productos de limpieza y se dedicaron a acondicionar el establecimiento, con las persianas bajadas y la puerta cerrada con llave. Acto seguido, el procesado trato de ganarse la confianza de su víctima, le contó que su esposa le había dejado por otro y también le preguntó por su situación sentimental.

Llegó a ofrecerle la posibilidad de casarse con él, ya que así podría conseguir la documentación para regularizar su residencia en España, indica la sentencia. Más tarde, el acusado le dijo a la víctima que subiese al altillo del establecimiento para proseguir con las tareas de limpieza. En ese lugar la agarró por el cuello y se tumbó sobre ella, mientras la besaba y le quitaba la ropa diciéndole que no gritase porque nadie la iba a escuchar. También la amenazó de muerte en el caso de que tratase de pedir ayuda.

La víctima, que temía por su vida, trató de tranquilizar al agresor mientras le obedecía. El acusado la penetró vaginalmente y la forzó a practicarle felaciones en contra de su voluntad, dice el fallo. Después, mientras él le ofreció una bebida y se la preparaba, le preguntó si iba a denunciarle, advirtiéndole de que no podía hacerlo porque «estaba ilegal» y no le iban a hacer caso. En un momento de descuido del acusado, ella consiguió enviar un mensaje de móvil solicitando ayuda a sus amigos para que acudiesen a recogerla. Ya sin la presencia del procesado, les contó lo sucedido y fueron a la Comisaría de Policía a denunciar los hechos.

La defensa del acusado pidió inicialmente su libre absolución al alegar que la relación sexual había sido consentida a cambio de una cantidad económica. Sin embargo, el fallo considera que tanto el relato de la víctima como el testimonio de los amigos y los informes periciales de los médicos forenses que la reconocieron permiten desmontar el principio de presunción de inocencia.

Así, la sentencia añade que «la acción agresiva o acometimiento físico realizado por el autor estaba dirigida a satisfacer sus deseos sexuales ante lo que no dudó en ejercer fuerza física e intimidación sobre la víctima para vencer su resistencia, originándole a consecuencia de esta acción no sólo edemas y arañazos, sino también una lesión psíquica».