La clienta más fiel de un bar de Tormos

La zorra Micaela, cerca del chiringuito que visita cada noche en el municipio alicantino de Tormos. / efe
La zorra Micaela, cerca del chiringuito que visita cada noche en el municipio alicantino de Tormos. / efe

Una zorra salvaje se ha convertido en un atractivo turístico del municipio al dejarse ver cada noche cerca de un chiringuito

EFE / NATALIA MOLINAALICANTE.

Micaela pasea sus orejas con puntas negras a la hora de la cena por el chiringuito de la piscina municipal de Tormos (Alicante), donde se ha convertido en la clienta más fiel sin faltar a su ración diaria de alitas, hamburguesa o pienso desde su refugio del cercano monte. Cada noche, entre las nueve y las once, esta zorra salvaje abandona su hogar en la sierra de Resingles para degustar las delicias que con cariño le ha dejado el dueño del chiringuito, Félix Aranda, que la vio por primera vez hace un año.

Esta pelirroja, joven y extrovertida asoma su hocico por la pinada de la parte trasera del chiringuito en busca de su ración diaria para la sorpresa de las personas que visitan Tormos: «Se ha convertido en la mascota del pueblo».

La zorra, a la que se le presuponía un comportamiento salvaje, ha demostrado ser un animal tranquilo, que se deja fotografiar y que poco a poco permite que más personas se le acerquen, aunque se puede mostrar algo tímida ante tanto público. Cuando el chiringuito cierra en septiembre es habitual que merodee, aunque «más flaca», por las calles de esta población situada entre el mar y la montaña, al noroeste de la provincia de Alicante.

Micaela, que reconoce su nombre cuando la llaman, muestra una gran cercanía con Félix, pero otros empleados de su restaurante favorito también se han ganado su confianza y, de hecho, esta misma semana apareció en la puerta de la casa de la cocinera del establecimiento

La afable Micaela volverá esta noche a su chiringuito favorito para su cita diaria con Félix y el resto de clientes, en un ambiente donde flota el olor combinado del cloro de la piscina y los pinos, la brisa refrescante del monte y las sonrisas de la gente por verla una vez más.