Los alumnos que estudian para ser docentes equivalen a toda la plantilla de la concertada

Aspirantes a las oposiciones de Secundaria del pasado verano, poco antes de realizar la primera prueba. / jesús signes
Aspirantes a las oposiciones de Secundaria del pasado verano, poco antes de realizar la primera prueba. / jesús signes

Administraciones, rectores y órganos consultivos han advertido del riesgo de saturación de la profesión

JOAQUÍN BATISTAVALENCIA.

Las universidades valencianas gradúan cada año a alrededor de 5.000 estudiantes de las carreras que permiten dedicarse a la enseñanza, ya sea a través de los grados de Maestro de Educación Infantil o de Primaria o mediante el Máster de Formación del Profesorado, que es el postgrado que se exige a cualquier titulado en otra carrera que quiera dar clase en Secundaria, Bachillerato o FP.

La cifra se acerca a la suma de las dos oposiciones más masivas en los últimos 30 años que se pueden utilizar para hacer la equivalencia, las de Primaria de 2018 y las de Secundaria de 2019, que ofrecieron más de 7.000 plazas. Y si el cálculo se hace en función de los universitarios matriculados, los que están en proceso de formación, la cifra de estudiantes se eleva a 15.000. Para hacerse una idea, equivalen al total de profesionales que trabajan en los colegios concertados de la Comunitat, y son el 21% de la plantilla completa del sistema (71.600).

Los datos ayudan a hacerse una idea del tirón que tienen los estudios relacionados con el magisterio, que tanto en grado como en máster se sitúan entre los más demandados. Y más teniendo en cuenta que las cifras son anuales y se mantienen de un curso a otro. De hecho la Comunitat está entre las tres regiones que más profesionales de la docencia 'produce', sólo por detrás de Madrid y Andalucía y por delante de Cataluña, donde se exigen requisitos adicionales para poder cursar los grados de Infantil o Primaria, como una prueba de aptitud.

La información estadística proviene del informe 'Datos y Cifras del curso escolar 2019-2020' publicado recientemente por el Ministerio de Educación, más concretamente del apartado sobre la formación inicial de los profesionales docentes. Exactamente en el ejercicio 2018-2019 estaban matriculados en centros de la Comunitat 14.857 estudiantes -sumando los dos grados citados y el máster-, mientras que se graduaron, en total, 5.058. Es una cifra similar a la registrada en los tres cursos anteriores -se llegó a 15.237 en el 2017-2018 y se bajó hasta 14.843 en el 2015-2016-, síntoma de que no se ha aplicado por parte de las universidades ninguna restricción en cuanto a las plazas de nuevo ingreso. Algo difícil existiendo semejante demanda, aunque cada vez son más las voces críticas que advierten del riesgo que se corre de saturar una profesión más que vocacional y cuya formación inicial, en realidad, no da muchas alternativas laborales más allá de las aulas.

La última advertencia llegó de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (Crue), que en su último informe del sistema universitario dedicó un apartado específico a los grados relacionados con el magisterio. Mediante una aproximación estadística, señalaba que la mitad de los titulados no podrían ejercer en el sector -el 37% en el caso de la Comunitat- y ponía el caso como ejemplo de la necesidad de crear una oferta formativa eficaz. También el Consejo Escolar del Estado, en un informe publicado tras un encuentro con los organismos consultivos autonómicos, abogaba ya en 2012 por adecuar la oferta formativa a las necesidades del sistema. Hasta la Conselleria de Educación, en la anterior legislatura, puso este sector como ejemplo de la necesidad de racionalizar el mapa de títulos universitarios.

La situación se puede abordar desde otra perspectiva: el envejecimiento de la plantilla, disparado por la existencia de tasas de reposición muy limitativas en años anteriores, hace que el sistema precise de nuevos docentes jóvenes. O su inestabilidad, con cantidad de puestos sin titular definitivo que se tienen que cubrir año a año (unos 15.000 en la Comunitat). También hay voces sindicales que advierten de que crear más puestos docentes en el sistema mejora la calidad, en el sentido de que facilita la atención del alumno. Eso sí, en esta ecuación habría que tener en cuenta a los miles de profesionales de las bolsas de trabajo que esperan su oportunidad.

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