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Atrapados entre bolardos

La Marina

Atrapados entre bolardos

Los residentes de la placeta del Convent de Xàbia llevan casi un año sin poder acceder hasta sus casas en coche

14.10.09 -
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Vivir en una plaza peatonal se ha convertido para los vecinos de la placeta del Convent en un suplicio. Rodeados de atascos y de avenidas con las plazas de aparcamiento reservadas para la carga y descarga, han de dar parte a la Policía Local de Xàbia ante la mínima eventualidad para que les baje los bolardos hidráulicos que tapizan todos los accesos.
La realidad es que muchos optan por infringir la ley y atravesar con el coche un tramo destinado al paso de peatones libre de obstáculos para entrar un momento hasta sus casas y cargar algo pesado en el maletero, facilitar que suban personas mayores a las que les cuesta un martirio andar tres pasos o acercar hasta su hogar botellas de butano o la compra de la semana.
Son situaciones más que cotidianas que a ellos les están vetadas. Desde hace siete largos meses esperan que el Ayuntamiento les avise de que están los mandos para bajar las barreras que prometió a todos los interesados, así como la tarjeta de residente que evitaría que paguen con una multa cada vez que osan entrar en el recinto prohibido.
La indignación entre el vecindario es grande. Sobre todo, sienten que las autoridades les han mentido «como bellacos», prometiéndoles muchas cosas y no cumpliendo ninguna.
«Nos han hecho perder el tiempo para al final tomarnos el pelo» afirma el residente José Marsal, que todavía se acuerda de las reuniones a las que les llamaron las autoridades allá por el mes de marzo para tranquilizarles con las promesas de mandos y tarjetas. «La verdad es que si quiero entrar a cargar cualquier cosa tengo que entrar por el paso de peatones y rezar para que no aparquen en ese momento y poder salir por el mismo sitio».
Llamar a la policía local no les parece una solución viable, sobre todo porque no hay donde esperar a que llegue el agente «si llega», siempre hay atascos y porque hay veces que se presentan emergencias. Puri Bisquert sabe bien lo que es ver cómo la ambulancia no puede recoger con rapidez a su madre enferma o cómo entrar con su coche a por ella le supuso una multa.
¿Hacer obras?
Precisamente ayer, esta vecina pasó un mal rato porque un agente se disponía a multar a los albañiles que les hacen una obra a sus padres. «Pedimos permiso en la Policía y nos dijeron que no había problema pero ahora viene el agente y dice que no le han pasado ninguna orden y no sabe nada, pero que para aparcar ahí tenemos que pagar 15 euros por la ocupación de la vía pública», relató.
«A mi no me importa pagar lo que sea, pero nos lo tendrán que decir, ¿no? Esto es un malvivir, cualquier cosa aquí se convierte en un auténtico problema», asegura indefensa.
Tampoco los empresarios ven por lado alguno los muchos beneficios que les vendió el Consistorio como avales para peatonalizar la plaza.
Menos clientes
José Pérez, de la cafetería La Yesca afirma que, a pesar de que ahora no pasan coches junto a su terraza, tiene menos clientela porque al cliente «le gusta aparcar cerca» y opina que con el cierre «la plaza está desaprovechada».
«Creo que deberían abrir al tráfico al menos en horas punta y poner zona azul para que haya alguna opción de aparcar aquí, aunque sea pagando algo y así además el Ayuntamiento obtiene beneficios».
Sólo echar un vistazo a los carteles de «se traspasa» o «se liquida» basta para atisbar que a nivel comercial, el cambio también ha sido un fiasco. El farmacéutico Antonio Belchi comparte la opinión de que, como mínimo, la placeta del Convent debería estar abierta al tráfico unas horas al día.
«Hay que facilitar el acceso a la gente, no todos pueden andar. Después llega el jueves y entran los camiones del mercadillo sin problemas pero los que vivimos y pagamos impuestos aquí, no, tenemos que incumplir la ley», señala Belchi.
En la zona tampoco saben nada de la regulación del horario de carga y descarga para dejar las plazas para uso libre el resto del día. «Nuestros políticos son incapaces de reconocer un error, siempre es problema del técnico de turno o del vecino fastidiado. ¿Así como van a solucionar nada?», concluye el farmacéutico.
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CIERRE. Uno de los bolardos hidráulicos que impide el acceso de vehículos a la plaza. /JOSÉ IGLESIAS
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