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VALENCIA - ALICANTE - CASTELLÓN | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

La Marina

04.09.09 -

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La política municipal tiene cosas curiosas. Una de ellas es que, mientras doce votos bastaron para nombrar alcalde a Eduardo Monfort, otros tantos parecen no ser suficientes para que el responsable de la ruina del Centro Histórico, y la del resto de la villa, se digne respetar la voluntad del Pleno y acate el mandato que le impone el deber de reparar los daños causados en el casco antiguo durante tres años de obras.
Ahora bien, por lo menos, ya tenemos la certeza de que al Sr. Monfort le tiene sin cuidado lo que le ocurra a lo poco que queda de este tradicional núcleo urbano; puesto que lo trágico para él no son los estragos que ha causado con su torpeza al frente del consistorio, sino haber perdido por mayoría absoluta una votación que le obliga a enmendar las chapuzas perpetradas por él y su brigada del despropósito. Y eso es algo que, a día de hoy, no ha digerido ni perdonado.
Por este motivo, y sin más razón que el mero despecho, el Sr. Monfort dice ahora que no considera un gasto necesario limar los bordillos de las aceras de las rondas, de la misma manera que su excelencia el Virrey de los Bolardos rechaza todo aquello que no es de su agrado. Claro que, entonces, cabría preguntarse qué entiende por gasto necesario un alcalde capaz de dejar sin merienda a los niños de una escuela deportiva, alegando falta de fondos, mientras él y su corte despilfarran el dinero público a manos llenas.
No se mostró tan ahorrativo con el granito, la muralla ni con sus modificaciones de proyectos. Y, por si lo anterior fuera poco, el hecho de que haya preferido pagar lo que no está escrito por los bancos de mármol o el árbol que corona el parking del Clot, en vez de pulir esos sediciosos bordillos, tampoco dice demasiado en su favor. De manera que la negativa a arreglar unas aceras de mal agüero, a pesar de que el Pleno se lo manda, es la mejor demostración del espíritu feudalista que inspira la manera de gobernar del Sr. Alcalde.
Así están las cosas. El Sr. Monfort y el Bloc hablan de austeridad y reivindican la memoria del botijo y la alpargata; pero, a la hora de la verdad, se dedican a malgastar el presupuesto en caprichos propios de marquesito consentido, mientras niegan el pan y la sal al pueblo que les ha puesto donde están y del que sólo se acuerdan cuando no les queda ni un céntimo. En realidad, no les importa vaciar la caja cuando así se les antoja, porque saben que volverán a llenarla con más impuestos; esos que dijeron que iban a bajar; pero que, ahora, suben sin parar.
Prepotencia, incompetencia y autocomplacencia. Aquí, como en Corea del Norte, se hace lo que el líder supremo ordena y se acabó. No en vano, una de las pocas verdades que hemos podido escuchar al Sr. Monfort fue cuando confesó al Periódico de Cataluña que él no era más que un político aficionado. A ese respecto no cabe discusión posible. Tal vez por eso, debería haberlo meditado un poco más y haberse marchado de prácticas a otro sitio antes de presentarse como candidato en las últimas elecciones. Así, durante todo este tiempo, nos habríamos ahorrado el gasto más innecesario de todos: el sueldo del Alcalde.
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