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VALENCIA - ALICANTE - CASTELLÓN | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

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Tema del día

La nueva ley reduce la legítima y da mayor libertad al que testa para repartir el patrimonio

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Los valencianos que no atiendan a sus padres podrán ser desheredados
Un cartel que busca a una persona para entregarle el testamento. Foto ROBERTO MILÁN.
En la actualidad, Juan ya hace 15 años que no sabe nada de sus padres. Su madre falleció el año pasado y su padre, ayer. Juan y sus progenitores perdieron la relación después de que el primero fuera despedido de la empresa familiar por sus problemas con el juego. Metió la mano en la caja. Desde entonces, no ha querido saber nada de sus padres. Ni siquiera cuidó a su madre, afectada de una grave enfermedad, ni a su padre, que en los últimos años ha tenido que convivir con el alzheimer. En cambio, sus hermanos, Andrés y Sara, se han desvivido por ellos. Incluso costándoles dinero de su bolsillo.

El matrimonio fallecido era acaudalado. Una cuenta corriente bien nutrida, varios inmuebles y alguna que otra cosa más, además del incipiente negocio familiar. Pese a que Juan ha estado 15 años al margen del padecimiento de sus progenitores, su despreocupación absoluta tendrá recompensa. Al menos, así lo establece el Código Civil, que rige la forma de testar en la Comunitat Valenciana. Andrés y Sara, que estuvieron al lado de sus padres hasta el último momento, tendrán que compartir con Juan un tercio de la herencia legítima. Es algo inamovible.

Este caso imaginario se da en decenas de familias valencianas. Es la vida misma. Un conflicto que en muchas ocasiones termina con graves disputas familiares.

Pero la situación va a cambiar. El conseller de Gobernación, Serafín Castellano, adelantó ayer parte del contenido de la futura ley de sucesiones que marcará la forma de testar en la Comunitat. Los valencianos recuperarán su derecho foral que implantará singularidades territoriales.

Cuando entre en vigor la nueva norma autonómica, Juan podrá ser desheredado. Si un juez certifica la nula relación entre el legitimario y el testador, el primero no tendrá derecho a nada. Ni un euro. En 15 años ni siquiera ha llamado a sus padres para saber cómo estaban. En este caso, Juan no podrá poner la mano para recibir su parte.

El maltrato al testador, a su cónyuge o pareja por parte del legitimario también será motivo para ser desheredado.

Estas son algunas de las grandes novedades del borrador de la futura ley de sucesiones. Una norma totalmente revolucionaria que pretende romper con el corsé que significa el Código Civil y que persigue adaptar las herencias y el testamento a las necesidades de la sociedad actual.

Reparto. El objetivo de la nueva ley es la flexibilidad y modernidad. El Código Civil es muy estricto. Tanto, que el reparto de las herencias se establece por tercios.

El primero es el de la legítima. Los hermanos reciben a partes iguales parte del patrimonio testado. El segundo, el de mejora. Uno, varios o todos los hermanos reciben otra parte más de la herencia -se le conoce como legítima larga o corta-. El tercero es el de libre disposición. El que testa se lo puede dejar a sus hijos, al vecino o a quien considere oportuno.

Pero la nueva norma autonómica romperá con el corsé del Código Civil. Las legítimas se reducirán y se incrementa el patrimonio de libre disposición. El número de hijos será la medida que marcará el reparto -lo recogía ya el sistema foral-. Para uno o dos hijos, la legítima será un cuarto del patrimonio. Para tres hijos o más, se mantiene el tercio.

Una de las principales novedades es que en la futura norma de sucesiones no existe la mejora. El resto será de libre disposición. El que testa lo podrá dejar a quien quiera.

Divorcios. Castellano remarcó durante su intervención la adaptación a los nuevos tiempos de la norma. Hace treinta años, los divorcios no estaban a la orden del día. Pero en la actualidad, casi son las mismas parejas las que se casan que las que se rompen.

La nueva ley recoge una figura que se llamará "reserva de bienes". Por ejemplo, María, tras veinte años de matrimonio, ha roto con Arturo. De su relación hay dos hijos en común -Luis y Raquel-.

María, que se ha enamorado de Manuel, un compañero de trabajo, tiene pensado casarse con él y espera tener hijos. Pero como no sabe cómo le irá en el futuro, quiere dejarle a Luis y Raquel un piso que tiene en Valencia.

La nueva ley de sucesiones permitirá a María hacer una "reserva" para que sus hijos del primer matrimonio disfruten exclusivamente de este piso. Este inmueble no computará en ningún caso como parte de la legítima para los futuros descendientes que pueda tener María en su segundo matrimonio. Con esta medida, la nueva norma prevé proteger a los vástagos en previsión de segundos enlaces también con hijos.

La ley recogerá también situaciones especiales de protección para descendientes discapacitados -su legítima consistirá en una pensión alimenticia- y se recuperan figuras forales para el cónyuge viudo. En este último caso la nueva norma contemplará "la cambra" y "el any de plor". La primera figura da derecho al viudo a disfrutar de bienes como los electrodomésticos, muebles o el ajuar. La segunda, permite al cónyuge ocupar la vivienda durante el año siguiente de la muerte de su pareja y a percibir alimentos a cargo de la herencia.

Cuando no hay testamento. Mario tiene 55 años, no ha hecho el testamento. Ya lo hará cuando sea viejo. Pero un fatal accidente de coche provoca su muerte. ¿Cómo se van a repartir sus bienes?

El Código Civil establece que el orden de llamamiento son hijos, padres, cónyuge y colaterales.

Con la nueva ley cambiará el orden. El cónyuge viudo gana un turno por delante de los padres.

Pero Mario está solo en la vida. No tiene padres, ni esposa, ni hijos ni hermanos. Entonces, ¿quién se queda con su casa en la playa, su millonaria cuenta corriente y el yate atracado en Xàbia? Ahora mismo, el Estado. Cuando la ley de sucesiones se aprobada en Les Corts, será la Generalitat la beneficiaria. El Estatuto valenciano es el único que recoge esta posibilidad en favor de la administración territorial.

¿Se puede renunciar a la legítima? El Código Civil no lo permite. Es misión imposible. Al menos eso es lo que dice el artículo 816 del texto.

Pero bueno, si uno quiere renunciar a algo, ¿por qué no lo puede hacer? Por eso, la futura ley de sucesiones establece la posibilidad de la renuncia a la legítima. Pero ¡ojo!, con matices. Se podrá decir que no si el legitimario ha recibido otra ventaja patrimonial con anterioridad.

Es la opción de hacer pactos. La mayor libertad para testar permitirá cerrar acuerdos para la distribución futura del patrimonio. Todo esto deberá estar debidamente detallado en documentos como las capitulaciones matrimoniales. La "reserva" para hijos del primer matrimonio se pueden encuadrar en este apartado de pactos sucesorios.

De paraula o nuncupativo. Carlos siempre ha dicho que nunca irá al notario a hacer testamento. Le da horror. Afirma que él está muy vivo y que no quiere dejar por escrito lo que pasará una vez muerto.

Pero quiere que sus escasos bienes -un piso de 70 metros cuadrados ubicado en un barrio obrero de la ciudad y sus pocos ahorros- se lo repartan sus hijos a partes iguales. Cada vez que hay una comida familiar, Carlos aprovecha la ocasión para hacer el reparto de viva voz. Es ya como una tradición. Incluso se lo ha dicho a un par de amigos de confianza. Así tiene más testigos al margen del núcleo familiar.

La ley de sucesiones contemplará el testamento de viva voz siempre que este cuente con testigos. En el Código Civil, Carlos sólo tiene la oportunidad de hacer un testamento de palabra en caso de peligro inminente de muerte. Con la ley valenciana dejará de hacerlo por escrito, si ese es su deseo. La nueva norma permitirá también hacer testamentos mancomunados -ideal para parejas de hecho-. Ahora el Código Civil exige que sea individual. Además, se está estudiando introducir la figura del codicilio, que será un anexo que permitirá incorporar matices.

Máxima libertad. El modelo para disponer del patrimonio de cada cual es muy diferente en vida o después de muerto. Asunción, una viejecita de 80 años, se ha tirado la manta al hombro y ha decidido jugárselo todo en el casino. A doble o nada. Y nadie le puede decir nada. El piso, el plan de pensiones, la casa en el pueblo y los ahorros. Todo al rojo. Y si lo pierde, pues ha perdido. Más perderán sus hijos que no heredarán nada. La decisión la ha tomado Asunción porque el Código Civil marca unos límites muy estrictos para el reparto de la herencia.

Con la nueva norma que pretende sacar el Gobierno valenciano se quieren evitar situaciones como la de Asunción.
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