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VALENCIA - ALICANTE - CASTELLÓN | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

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14.09.08 -

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Si alguien llegó a pensar que después de haber soportado los bordillos asesinos, el exótico granito chino, el expolio de la plaza de correos, los adoquines saltarines o la piscina de la Plaza de Baix, estaría curado de espanto, se equivocaba. Faltaba por escribirse el episodio más grotesco de la tragedia del casco antiguo; una fechoría presuntamente artística perpetrada por la "élite intelectual" del Bloc, que, aburrida de medrar sin mesura ni compostura bajo el mecenazgo del alcalde, ha decidido erigir una parodia psicodélica de la antigua muralla de la villa.

Así comienza la leyenda de este monumento al despropósito. La réplica postmoderna de un muro defensivo que el desvarío estético de los virtuosos del disparate ha transformado en ofensivo, al concebir una obra capaz de herir el decoro y atentar contra el sentido común. Un amasijo de piedras y cemento que sólo sirve para demostrar que en los arrabales del nacionalismo, aun cuando falta talento y oficio, hay quien del esperpento obtiene beneficio. La prueba más evidente de que la culturilla progre sigue arrasando, literalmente hablando. Ante semejante dislate, el pueblo reprobó la actitud del alcalde, pero las firmas y las cartas fueron en balde. Eduardo Monfort había elaborado una coartada con la que anestesiar a quienes osaran discrepar; tenía preparado un relato imaginario con el que dar esquinazo a las protestas del vecindario; y no tuvo reparo a la hora de culpar a la Conselleria de esta infame tropelía, que el Bloc planeó con alegría en el sótano de la alcaldía. Por eso, aunque a alguno no le guste lo siguiente; nos parece justo que lo sepa la gente.

Fue Eduardo Monfort, y no la Conselleria quien llamó a los técnicos de Patrimonio. Fue Eduardo Monfort quien ordenó redactar el proyecto a los funcionarios.

Fue Eduardo Monfort, y no la Conselleria, quien escogió la opción más surrealista. Fue el alcalde y no la Conselleria, quien redujo la anchura de la calzada. Fue Eduardo Monfort, y no la Conselleria, quien dio la orden de construir la muralla de la vergüenza. Y es Eduardo Monfort, y no la Conselleria, quien no ha parado hasta terminarla, a pesar de que el Pleno le ordenó paralizarla. Así fue como se urdió este enredo vil; otro montaje del que Don Eduardo no sabe salir.
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