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VALENCIA - ALICANTE - CASTELLÓN | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

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08.08.08 -

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Tras alcanzar el poder gracias a una sobredosis de progresismo apolillado, el Bloc se ha ido deshinchando hasta acomodarse tras el autoritarismo de Eduardo Monfort. El alcalde que siempre responde "no", a menos que seas de los suyos, y cuya conducta ha inspirado la actitud apoltronada y prepotente que lucen en público los mismos ediles nacionalistas que, día tras día, cavan con esmero la tumba del pueblo que les paga el sueldo.

Ese es el resultado de la manía del Señor Monfort de domesticar a sus adeptos, permitiéndoles pastar en el presupuesto municipal a mayor gloria del catalanismo autóctono, y de amaestrar a sus huestes, reconvirtiéndolas al nacionalismo aburguesado con cargo a la subvención de turno; una afición que ha acostumbrado al Sr. Alcalde a disfrutar de la obediencia ciega y el miedo reverencial de cuantos le rodean y que ha hecho de él una persona poco receptiva a la crítica y menos sensible aún a los problemas de los ciudadanos.

Con este panorama, no es de extrañar que los devotos del Monfortismo tomaran posiciones por todo el Centro Histórico durante los días previos a la manifestación de comerciantes y vecinos para, al más puro estilo Chicago años veinte, intentar amedrentar a todo aquel que tuviera intención de asistir a la misma profiriendo exabruptos del calibre de "Vais a hacer el ridículo. Solo seréis cuatro o cinco, los mismos que siempre estáis removiendo la mierda". Al Capone no lo hubiera hecho mejor.

Pero, a pesar de los infortunios que vaticinaban los agoreros del Bloc, los participantes de la protesta no hicieron el ridículo, sino que demostraron entereza, responsabilidad y decisión; no fueron cuatro ni cinco, sino más de quinientas personas las que acudieron para salvar al casco antiguo de la ruina.

Y no removieron "mierda" alguna, sino las conciencias ajenas para exigir respeto y ayuda a los responsables municipales ante la grave situación que están viviendo.

Lamentablemente, la noche del 31 de julio Eduardo Monfort no supo, o no quiso, estar a la altura de las circunstancias. No lo estuvo en el fondo, pues se atrincheró tras sus concejales y consintió que estos abrieran fuego contra los manifestantes con argumentos que sonaban a burla mientras exhibían unos modales más propios de chulapas que de autoridades públicas.

Tampoco lo estuvo en la forma, porque, a diferencia de los "Ultrabloc", que acuden a algunos Plenos para jalear al Sr. Alcalde y vilipendiar impunemente al prójimo, comerciantes y vecinos siempre han dado a todos una lección de educación y respeto, por lo que no había motivos para que fueran recibidos por un batallón de policías y guardias civiles de paisano como si se tratara de delincuentes.

En cualquier caso, esa noche Eduardo Monfort claudicó ante una realidad que se había negado a reconocer durante tres años. Y ese logro del pueblo es digno de elogio, ¿o no Señor Alcalde?
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