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VALENCIA - ALICANTE - CASTELLÓN | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

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13.07.08 -

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Quienes hayan asistido a la función teatral en la que los responsables municipales escenificaban la farsa titulada "La caja vacía del Consistorio" y aquellos que hayan padecido los lacrimosos versos del alcalde recitando el "No tenim diners", encontrarán un nuevo motivo para el asombro y la indignación cuando comprueben que las dotes interpretativas del Pacte que nunca fue de Progrés, superan con creces su capacidad para cuidar del interés público de manera honesta, eficaz y sensata.

A pesar de las apariencias, el melodramático equipo de gobierno, que, sumergido en el llanto y ahogado por el lamento, pregona que no tiene dinero para ayudar a nadie, ha gastado un millón y medio de euros en fiestas. Doscientos cincuenta millones de pesetas derrochados por el Monfort y lo suyos para alfombrar festejos, jolgorios y saraos que demuestran el desinterés y la indiferencia del nacionalismo financiero ante el desempleo y la degradación de los servicios.

Convertido al mercantilismo, embriagado por el gasto y el despilfarro, el Bloc especula con el presupuesto y diseña una contabilidad a su medida en la que tienen su origen las telarañas de la hucha oficial. Por su parte, el alcalde, investido de la autoridad que le brindan las excusas, ha decidido convertir su mandato en una verbena para tratar de camuflar con tracas y farolillos la desastrosa situación en que se encuentra Jávea por su culpa. El Ayuntamiento tiene la cartera llena, pero sólo para lo que Eduardo Monfort quiere.

No hay dinero para socorrer al Centro Histórico, pero sí para tablaos y guateques institucionales; no hay fondos para atender las demandas de Aduanas del Mar, pero sí para matasuegras y serpentinas; no hay recursos que destinar al Arenal, pero sí para petardos y pasacalles catalanistas.

Se confirma así que la política del disparate folclórico que predica el alcalde del Bloc y ejecutan sus concejales no contempla como prioridad las necesidades de vecinos, comerciantes, empresarios y trabajadores.

Sin duda, un gobernante indolente, capaz de dilapidar alegremente el patrimonio público mientras deniega el auxilio a las víctimas de sus propias decisiones, queda moralmente inhabilitado para seguir ejerciendo su cargo, ¿no está de acuerdo, señor Monfort?

Por cierto, señor alcalde, ¿qué tal las fiestas?.
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